La afonía de Hitchens

La afonía de Hitchens

El cáncer le ha arrebatado la voz a Hitchens. La mudez parece un castigo especialmente severo tratándose de un pugilista verbal. Era mi voz, dice Hitchens. Dolorosa ironía: en sus talleres, llamaba a los alumnos a encontrar su voz: si algo vale la pena escuchar, seguramente merece ser leído.

En este año de vivir muriendo, mi consuelo principal ha sido la presencia de los amigos. No puedo comer ni beber por placer, así que cuando alguien propone veni, es una bendita oportunidad de conversar. Algunos de esos camaradas pueden llenar un auditorio con gente ávida de escucharlos y pagar por el entretenimiento: conversadores a los que es un privilegio seguirles la pista. Ahora, por lo menos puedo escucharlos gratis. (…) ¿Qué espero? Si no una cura, por lo menos que entre en remisión. ¿Y qué quiero de vuelta? La más hermosa conjunción de dos de las palabras más sencillas de nuestro idioma: libertad de palabra.

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La afonía de Hitchens


 

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