Evocar sin temor

Evocar sin temor

Creo que de todos los ires y venires que el vértigo del siglo veinte dejó correr sobre la intimidad, exponerla, sacarla de los confesionarios y el silencio a las plazas, ha sido el más drástico. Y la expuso no sólo por el indeleble placer de mostrarla, sino por el generoso afán de generalizar algunos privilegios. El placer y las audacias, entre otros.

Punto: Desde siempre hubo seres cuya privilegiada lucidez les permitió hurgar en lo más interesante de nuestros recovecos. Quizá nada muy nuevo nos haya tocado descubrir sobre la intimidad. Sin embargo, nos ha tocado nombrarla sin miedo, enseñarla, y al hacerlo, trastocarla sin retorno ni remedio. No se descubrió el orgasmo femenino en los últimos tiempos, pero sí dejó de pensarse que quienes se perdían en él eran unas “perdidas”. Sí que debió ser arduo andar por la vida de mujer cuando hacerlo era no mostrar, callarse, aceptar. Pero también debió resultar una calamidad ser de los hombres que convivían con tales mujeres.

Angeles Mastretta/elpais.com

 

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