Dos deportes distintos

Dos deportes distintos

Hay varios peligros después de ver al Barcelona jugar al futbol. El más peligroso de todos resulta en comparar a los demás con ellos pensando equivocadamente que se trata del mismo deporte, de la misma cancha, de un balón y de 22 hombres tratando de meterla en la portería. No, no es así. Cuando el Barsa juega, el futbol es un deporte distinto.

Nuestros ojos, nuestros sentidos, nuestra imaginación siguen siendo bendecidos cada vez que el Barcelona salta a la cancha. Y estoy de acuerdo en que el repertorio de una “gran orquesta” como lo es este Barcelona debe tener artistas más destacados que otros. La figura del argentino Lionel Messi emerge desde el mismo momento en que toca el balón, en que regatea, en que profundiza y en el que da el cambio de ritmo al juego. Maravilloso jugador, que seguramente debe empezar a compararse con la misma línea de sangre de los otros “semidioses del futbol” como Pelé, Maradona, Cruyff, Platini, Beckenbauer y Zidane. Messi puede estar en ese nivel.

Pero decir que el Barcelona depende de un jugador sería también una gran mentira. No olviden que el Barcelona no sólo ha colaborado en triunfos para su propio escudo y su gente, el Barcelona también fue la base del éxito de una selección como la de España que impuso condiciones en la Eurocopa del 2008 y en el Mundial del 2010. Fue el sistema del Barcelona lo que transformó a todo a un futbol, no nombres particulares ni hazañas individuales. Reconozcamos que a diferencia de otros grandes equipos que se armaron siempre bajo la tutela de un futbolista fuera de serie, en este caso, el talento se diversifica y se impone el sistema, el modo, la vida futbolística entendida desde otra óptica.

Lo que hizo o dejó de hacer Javier el Chicharito Hernández en el partido del sábado obedece a una simple razón: tiene 22 años, está en su primera temporada europea y tiene todavía mucho que aprender. Buscar otro tipo de justificación es inútil. “Matarlo” por el pobre juego particular y del Manchester sería un terrible error.

Lo único malo del sábado fue el crimen de las televisoras mexicanas: poner primero la Final de la Champions y luego el demasiado amistoso México-Ecuador dejó en claro que son dos deportes muy diferentes.

david.m.faitelson@espn.com/mileniodiario

 

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