Cosas que no tienen madre

Cosas que no tienen madre

Comenzando por la maternidad, ocupación mitificada cual ninguna: la hermosa y abnegada imagen que nos venden ciertos grupos conservadores obedece más a la necesidad de crear expectativas sociales chantajistas que a estadísticas puras y duras: al menos uno de cada tres niños son lastimados físicamente, en algún punto de su vida, por sus propias madres o, si no por ellas, con su consentimiento o complicidad. No hay tal cosa como una vocación maternal, ni rasgos maternales “naturales” al género femenino: el deseo de procrear es tan válido y encomiable como el deseo de no hacerlo. Lo que no se vale es parir a granel para satisfacer cánones culturales ordeñados hasta el cansancio cada 10 de mayo para después mandar al niño a la calle o, de haber medios, a criarse con la sirvienta.

Otra cualidad que no tiene madre es la de aprovecharse de la bajísima calidad del análisis y de la crítica en México para volver políticamente propicio cualquier reclamo, aunque esto implique reducirlo a su mínima expresión; una que, por lo mismo, pueda ser digerida y replicada por cualquier pendejo con iniciativa. El que esto enturbie la realidad nacional hasta el desfiguro no parece importarle a nadie: no, Calderón no es ningún asesino —o lo es en la misma medida en que lo somos todos cuando nos echamos un churrito o le damos mordida a un policía—, pero de allí a decir que el Presidente está haciendo bien su trabajo y que su estrategia es valedera hay un enorme trecho. Trecho que, sin embargo, no puede ser sorteado por quienes no admiten complejidades ni claroscuros, pero que como sea pululan de manera autocomplaciente por las redes sociales y los desplegados de este país en ruinas.

La última huérfana del día va para nuestra clase política: esa que presume urbi et orbi una ciudad de vanguardia pero que no paga el servicio de recolección de basura ni puede mantener a sus parques en orden; una que no puede organizar ni siquiera una fiesta que tuvo 200 años para anticipar; la que construye para su vanagloria un edificio público pero se olvida de las rampas para discapacitados; la que premia con la dirección del partido en el poder a la funcionaria que encabezó una de las dependencias más corruptas y enquistadas por la delincuencia organizada sin siquiera percatarse de ello; la que culpa siempre al otro y no tiene dignidad para renunciar ni ante el fracaso más contundente: ¿cuántos de los responsables directos de las anteriores y de otras muchas debacles han sido castigados por ellas?

roberta.garza@milenio.com

 

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