Comida indignada para acampadas y protestas

Comida acampada sol
Comida en el campamento de Sol en Madrid (Kote Rodríguez, EFE)

 

Cuando veo las imágenes de las acampadas en la Puerta del Sol, Plaza Catalunya y otros lugares de España, me sale la abuela que llevo dentro y pienso: ¿qué estarán comiendo estas criaturas de Dios? ¿No les acabará sentando mal tanto bocata y tantos macarrones? Y en un plano más profundo, que también lo tengo aunque no lo parezca, me pregunto: ¿Está reñida la revolución con la comida decente?

Aunque gracias al historiador prehistórico César Vidal me he enterado de que ETA está detrás de las protestas, no tengo demasiadas esperanzas de que la banda terrorista mande al Comando Marmitako para alimentar a los manifestantes. Tampoco creo que el contubernio judeo-masónico-comunista que ha destapado Intereconomía mueva un dedo al respecto: si Stalin dejó morir de hambre a millones de ucranianos, no veo por qué sus herederos van a mover el culo con esto.

Así que me siento en la responsabilidad de proponer unas cuantas ideas rápidas para que los indignados se alimenten de forma barata, sana y equilibrada, a la par que sabrosa. Que la dignidad gastronómica también es un derecho, digo yo.

1) Bocata ‘Imaginación al poder’

Un bocadillo de jamón y queso a palo seco no está mal, pero es más aburrido que una comparecencia sin preguntas de Zapatero y Rajoy. Mi alternativa: unta el pan con aceite de oliva como han hecho toda la vida los desposeídos de este país, y ponle bonito en aceite, unas anchoas o boquerones, huevo duro, pepinillo y aceitunas rellenas. ¿Que eres vegetariano o el pescado te da mal rollo? Entonces yo apostaría por la mortal mezcla de pimiento asado, cebolla pasada por la plancha, aguacate y queso brie. Ah, y pan de verdad, por favor, que eso sí que es revolucionario en estos tiempos de chicles de harina en forma de baguette.

2) Ensalada ‘Cristina’ de arroz y verduras

En homenaje a esa heroína de la #spanishrevolution que es Cristina, la oyente que puso en su sitio a unos displicentes tertulianos de RNE,propongo una ensalada bien simple de arroz integral y  almendras con zanahorias, espinacas y judías verdes cocidas al vapor. Para el aliño, un poco de cebolleta y pimiento verde triturados, vinagre blanco, aceite de oliva, sal y pimienta negra. Se puede hacer en cantidades industriales y aguanta el tipo bastante tiempo una vez preparada.

3) Gazpacho de fresas ‘yeswecamp’

Las fresas están bastante asequibles en esta época del año, y tienen la ventaja de que se limpian en un pispás. Este gazpacho, que se puede hacer en baldes o transportar en termos, rehidrata al indignado más reseco, además de vitaminarlo, supermineralizarlo y dejarlo en plena forma la resistencia. Sólo se necesitan fresas y tomate de pera en igual cantidad, unos trocitos de pan seco, un chorro de agua fría, un poco de cebolla, otro poco de menta, aceite de oliva, vinagre y sal. Triturar y listo.

Gazpacho-suave-no-repite
Foto: Ainhoa Gomà

4) Deditos de pollo con salsa indomable

Las proteínas también son fundamentales en cualquier revuelta. Una manera cómoda de comer pollo sin pringarse demasiado son los deditos, que cuentan con el plus de estar igual de buenos calientes que fríos. Mi receta es tirada: cortar las pechugas en tiras gruesas, salpimentarlas ligeramente y embadurnarlas de mostaza. Pasarlas por pan rallado y freírlas en aceite abundante a fuego medio alto. Escurrirlas sobre papel de cocina, y ya está. Si la situación permite ponerse un poquito pijo, se pueden ir untando en una salsa brava para la que no nos complicaremos excesivamente la vida: tomate frito, tabasco o guindilla, perejil picado y un poquito de azúcar moreno.

5) Megagalleta Edición Especial 15-M

Como las protestas, la megagalleta es un ente nacido de forma espontánea y difundido a través de Internet: hace unos tres meses un grupo de blogueros, twitteros y cocinillas en general se puso de acuerdo para publicar distintas recetas con ese concepto. Pues bien, quizá haya llegado el momento de dar al juego una finalidad práctica repartiendo megagalletas comunitarias por las acampadas. No pueden ser más apropiadas: es fácil hacerlas a cascoporro, alimentan a un regimiento y te proveen de una energía que ríete tú del Revital.

Megagalleta
Foto: Ainhoa Gomà

La megagalleta 15-M se caracteriza por la humildad de sus ingredientes y por la presencia de frutos secos de alto valor nutritivo. Para hacer una de 28 cm. de diámetro necesitarás:

  • 380 gr. de harina de repostería
  • 1 chucharadita y media de levadura química tipo Royal
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • 1 cucharadita y 1/2 de sal gorda
  • 225 gr. de mantequilla y algo más para engrasar
  • 140 gr. de azúcar moreno
  • 150 gr. de miel
  • 2 huevos grandes
  • 75 gr. de pasas sin pepitas
  • 75 gr. de avellanas
  • 75 gr. de nueces
  • 100 gr. de manzana rallada

Mezcla la harina, la levadura, el bicarbonato y la sal en un bol grande. Corta la mantequilla en cubos pequeños. En otro bol grande, mézclala con el azúcar. Añade la miel y mezcla. Incorpora los huevos de uno en uno, mezclandos con una espátula. Suma la harina y mezcla suavemente lo justo para que se forme una masa homogénea, unos 30 segundos. Rebaña los lados y el fondo del bol.

Añade la mayor parte de las pasas, las avellanas y las nueces y toda la manzana rallada y escurrida a la masa, mezclando lo justo para que se incorpore. Pon plástico sobre la masa y deja reposar en la nevera un mínimo de media hora (este paso se puede saltar si se tiene prisa).

Precalienta el horno a 175 grados. Engrasar con mantequilla una sartén o cualquier recipiente, a poder ser de hierro, que se pueda meter en el horno y que tenga unos 28 cm. de diámetro y al menos 5 de profundidad. Reparte la masa en la sartén con una espátula. Espolvorea el resto de frutos secos  levemente para que se incrusten en la masa.

Hornea entre 35 y 40 minutos, o hasta que la masa esté dorada en el borde y el centro se haya solidificado. Sácala y deja que se enfríe un poco antes de desmoldar la galleta y cortarla en trozos del tamaño que quieras.

Mikel López Iturriaga/http://blogs.elpais.com/el-comidista

 

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