2012: resulta que ya no

2012: resulta que ya no

Se acerca otra fecha fatídica: 2012. Se supone que es un plazo fatal consignado en un calendario maya, o algo así. Esos tipos, los antiguos pobladores de la península de Yucatán, han adquirido un gran reconocimiento entre los nuevos adoradores de los mitos milenaristas: sabían astronomía, te dicen, con un tono obligadamente reverencial.

De pronto, a una civilización de gente innegablemente primitiva se le atribuyen conocimientos científicos de primera y la capacidad de determinar cuestiones tan colosales como el fin del mundo. Y sí, en efecto, dirigían la mirada hacia la bóveda celeste y lograban reconocer patrones predecibles en el movimiento de los astros. Hasta ahí. Eso es todo.

Me impresiona a mí mucho más la geometría euclidiana y, ya puestos a glorificar épocas pasadas, me proclamo un ferviente adepto de los pensadores del clasicismo helénico. Y, sabiendo que la vida en el planeta Tierra ya se ha extinguido varias veces, no me preocupa otra cosa, por lo pronto, que el destino particular de las personas cercanas a mí. Pero no me creo tampoco que vayamos, ellas y yo, a presenciar acontecimientos catastróficos en un futuro próximo. Es más, cuando las cosas se pongan realmente difíciles —que se acaben los combustibles fósiles, digamos, o que la población de Pakistán y África crezca desmesuradamente— la especie humana tomará medidas excepcionales para asegurar su supervivencia.

Ahora bien, como tenemos ese famoso 2012 a la vuelta de la esquina y no se advierten todavía los signos anunciadores de la hecatombe, los agoreros del desastre comienzan ya a decirnos que no, que en realidad el tal calendario dice otra cosa y que todo es un asunto de interpretaciones: han postergado así la fecha de caducidad que nos tenían originalmente programada. Y es que su negocio es la crónica intimidación del personal. Desde siempre ha habido hechiceros dedicados a acojonarnos y su intención no es otra que controlar nuestros jubilosos impulsos naturales. Pues, gracias de cualquier manera por el nuevo tiempo extra que nos han otorgado.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

 

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