¡Visca Barça!

¡Visca Barça!

Desfilaban los jugadores del Manchester –cabizbajos, alicaídos y, sobre todo, de muy mala gana— para que Michel Platini, plantado en las gradas del portentoso estadio de Wembley, les colgara en el pescuezo su medalla de segundones. Cuando le tocó el turno a Javier Chicharito Hernández, el chaval no se detuvo siquiera para que el señor presidente de la UEFA tuviera tiempo de pasarle el listón alrededor de la testa; quien fuera uno de los mejores jugadores de futbol del siglo XX tuvo entonces que estirar los brazos para alcanzar al evasivo y malhumorado goleador mexicano.

Está por verse si el joven Hernández logra algún día la categoría del crack francés pero, por lo pronto, ya se arroga el derecho a ser majadero y maleducado (y eso que dicen que es lindo, prudente, discreto y modesto). Los comentaristas de Fox Sports (qué perspicaces, oyes) señalaron que Chicharito “estaba molesto”. Es una curiosa comprobación. Imaginen ustedes que su enfado hubiera sido mayor: agarra el tipo y se arranca la medalla y la tira al suelo.

Se me ocurre, para remediar estas desagradables expresiones públicas de frustración, que a los subcampeones no les den nada; ni medalla, ni diploma, ni apapacho ni reconocimiento alguno. Digo, si tan poca cosa les parece el segundo lugar y si tan malos modos van a exhibir, pues tan sencillo que ni se aparezcan y que, acabadita la gran final, se vayan por la puerta de atrás. Voy a mandar esta sugerencia a todos los organismos futbolísticos del planeta.

Ah, pero dejemos este tema y hablemos del futbol que nos mostró ayer el Barça. A ver, ¿quién es el gallito que le va a poder quitar la pelota a estos artistas? El Manchester, con perdón, no es poca cosa. Y, mira, no mostró casi nada fuera de esos frenéticos diez minutos que jugó al comienzo. Cuando los catalanes se asentaron ya no hubo más que un equipo en la cancha. Estamos delante, creo yo, de un suceso histórico. ¡Visca Barça!.. (y esto lo brama un madridista desencantado y con serias dudas existenciales, vista la tiranía absoluta de Mourinho que se avecina).

 

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