Teenage Fanclub, sólo música fluyendo

Recuerdo una escena de esa obra maestra en forma de película llamada High Fidelity, que Stephen Frears nos regaló a todos los amantes de la música. En la escena, John Cusak estaba tranquilamente escuchando música en la tienda con su ayudante, cuando Jack Black irrumpe rompiendo la apacible situación y queriendo poner música más movida. Era una mañana apática y a Cusak tan sólo le apetece que la música suene… no tiene ganas de nada glorioso, no quiere nada espectacular… sólamente se conforma con escuchar algo tranquilo como lo que estaba escuchando (creo que era Belle and Sebastian)

Teenage Fanclub, sólo música fluyendo

Y es que el sagrado acto de escuchar música, en la mayoría de las ocasiones, está irremediablemente ligado al estado de ánimo en el que te encuentras. Hay días, como hoy, en los que miras por la ventana, ves una boina en forma de nube tapando el sol y tan sólo te apetece escuchar algo que fluya, que no interfiera, que simplemente suene bien y no te complique la cabeza… No te apetece un temazo con diabólicos e intrincados punteos, no quieres una composición perfecta, no buscas una letra superprofunda… No, simplemente, hay días en los que tan sólo quieres que la música suene y te deje la mente tranquila. Algo con cuatro acordes agradables, sin altas pretensiones, que no requiera de una gran atención pero que te acompañe mientras dejas que el día pase.

Y para estos menesteres suelo acudir a Teenage Fanclub (Aquí su espacio en Spotify), unos escoceses que me dejan tranquilo, llenan mi habitación de música pero no mi cabeza. Ocupan la atmósfera con buenos sonidos pero no me enturbian, me distraen pero no me desconcentran… en pocas palabras: Dejan la música fluir sin descolocar mi apática mañana.

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