Pobreza

Pobreza
dominicaneo.com

Somos un país de pobres con los bares y los restaurantes llenos, los hoteles a pleno rendimiento y casi un millón de prostitutas con una abigarrada cola de clientes delante de la alcoba. Vivimos sobre todo en la calle. El clima hace más llevadera la miseria de esos ocho millones de españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza. Gracias a la bonanza climática, los ciudadanos se arreglan con poca ropa y al llegar la primavera tenemos un país en el que por ir de de manga corta, los mendigos se confunden fácilmente con los turistas. Al aumentar la riqueza aparente de la vida en la calle, disminuye proporcionalmente el equipamiento de las viviendas españolas. Si uno le echa un vistazo a las estadísticas policiales descubre que la indigencia social no se ha traducido en un aumento de la criminalidad. ¿Será que nos hemos vuelto honrados y desistimos de delinquir? ¿O que los niveles de equipamiento de nuestras viviendas son ahora tan discretos, o tan mediocres, que a ningún caco le resulta interesante entrar a robar? Un tipo que destacó desvalijando pisos en los años ochenta me comentó no hace mucho que delinquir en España se ha puesto por las nubes y que el equipamiento para asaltar un piso no se compensa luego con la importancia del botín. Puesto en su lugar, a mí entrar a robar en la vivienda de cualquiera de los abundantes pobres españoles me encogería el alma. Hay gente que vive tan sola que sería capaz de retener a punta de pistola al ladrón para que le hiciese compañía o le diese algo de conversación. Dudo que ahora mismo compense allanar una vivienda. Como se han puesto las cosas en la sociedad española, el criminal corre el riesgo de que lo desvalijen sus víctimas. Por culpa del pésimo reparto de la riqueza hemos caído tan abajo en este país, que no dudo de que muchos delincuentes hayan recapacitado al llegar a la conclusión de que como están ahora mismo las estadísticas de la miseria, el delito de robar puede incluso costarte dinero. No sé si será cierto, pero un funcionario de la Policía me  contó el caso de un atracador que asalta a la gente en la penumbra vespertina de los parques, armado con un revólver de madera, y solo pretende conseguir algo de dinero con el que desempeñar en el perista su pistola de verdad. Puede que sea cierto que la pobreza general de un país se mide por la depauperación de sus clases medias, pero yo creo que lo verdaderamente grave es que en España  corremos el riesgo de que ni siquiera seamos capaces de mantener con dignidad a nuestros propios delincuentes.

José Luis Alvite/larazon.es

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