Neil Young: El rugido del viejo león

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Antes de que Le Noise saliese a la venta, ya se habían publicado algunas críticas poco halagadoras al respecto. Estoy convencido de que Neil Young contaba con ello y de que le importaba bastante poco, pero no hay que subestimar la capacidad de provocar sensaciones –aunque sean negativas– por parte de una novedad discográfica. En estos tiempos de tibieza y flojera musical, en los que lo mimético se disfraza de moderno y lo retrospectivo de novedoso, se agradece un poco de osadía, más aún, viniendo de un clásico como Young.

Después de algunos años en los que el canadiense ha estado a medio pistón, Le Noise es un serio aspirante a ser un clásico moderno y otra obra maestra en su carrera. Recientemente, el cantautor ha estado muy ocupado rellenando huecos mediante sus “Archives” –un conjunto de asombrosos hallazgos que podemos considerar imprescindibles–, cuya segunda boxset parece estar en camino. Entretanto, han ido apareciendo perlas retrospectivas en forma de satélite, como Sugar Mountain y el glorioso Dreamin’ Man – Live ’92, y algo de material nuevo que va de lo interesante, pero irregular (Chrome Dreams II), a lo desastroso (Living With War), pasando por lo tibio y/o intrascendente (Fork In The Road). Le Noise es, simple y llanamente, el regreso a la grandeza del músico más vigente de su generación.

Yahvé M. de la Cavada/murodesonido

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