México: país de instituciones mafiosas

México: país de instituciones mafiosas

La especie de que el narco mete la mano en las campañas electorales me parece, todavía a estas alturas, un tanto estrambótica. La sostienen, sin embargo, personas que conocen de estas cosas. Y así, los ciudadanos no sabríamos realmente quién es quién. No podemos ya meter la mano al fuego por un candidato que, de pronto, estaría siendo financiado por cualquiera de los cárteles de la droga. La gente de la política no nos inspira demasiada confianza de cualquier manera pero las sospechas sobre los hombres públicos no pasan de ser reflexiones sobre su posible adicción al poder o su gusto por el dinero. Hemos visto, para mayores señas, cómo los señores diputados se regalaban a sí mismos iPads con la plata del erario. Y lo han hecho, encima, delante de nuestras narices. Es, sin embargo, un escándalo menor en un país que ha levantado un altar al cinismo. De ahí a que alternen con criminales certificados —matones, secuestradores, extorsionadores, etcétera— hay una diferencia sustancial.

Pues bien, tenemos ya, a la vista, a un diputado a quien le gustan las malas frecuentaciones. Naturalmente, los expertos tienen todavía que certificar, de manera irrebatible, que la voz que escuchamos en las grabaciones es la del señor Godoy. Curiosamente, cada vez que ocurre la exhibición universal de estas escuchas telefónicas (no sabemos tampoco cómo fueron obtenidas y el hecho de que aparezcan, de pronto, en un espacio radiofónico es también bastante turbio —y no hablo, desde luego, de que los medios renuncien a difundir un material periodístico tan suculento ni mucho menos estoy dando a entender algún tipo de complicidad de la emisora con el poder político justamente ahora que, de manera automática, se atribuye a la Fiscalía de la nación la filtración del material— aunque, hay que decirlo, basta con enviar, de manera anónima, un simple paquete a la estación de radio para asegurar su difusión), cada vez que se desvelan los contenidos de estás conversaciones obtenidas de manera poco ortodoxa, repito, los involucrados niegan que las voces escuchadas sean las suyas y aducen, además, que las grabaciones han sido editadas y manipuladas.

Y, al mismo tiempo, cada vez que se destapa así la cloaca, los cofrades del infractor de turno se aprestan a respaldarlo, a cobijarlo y, desde luego, a arremeter sin pudor alguno contra el aparato judicial del Estado siendo que, en primer lugar, las conversaciones nos están revelando aspectos muy oscuros y muy comprometedores de los implicados. El PRI defendió en su momento a su gobernador. El PRD defiende ahora a su diputado. Y, en otro orden de cosas, el PAN no desconoce, abiertamente, a una antigua funcionaria que no se enteró siquiera de que la masacre de decenas de emigrantes centro y sudamericanos era, pues sí, una responsabilidad del organismo público de migración que ella dirigía. En otros países los encargados renuncian por pura decencia. Aquí, la mujer aspira a ser presidenta de su partido. Hablando de cinismo… Ah, y por último: ¿cuánto tiempo paso antes de que la Iglesia no solo reconociera que uno de los suyos era un delincuente sino que dejara de arremeter vilmente —de manera directa y sirviéndose de personas interpuestas— en contra de las víctimas?

Estas actuaciones merecen un calificativo: son dignas de la mafia. Quiero decir que la respuesta de los partidos políticos y de la mismísima Iglesia es perfectamente comparable al encubrimiento que practican las organizaciones criminales para proteger a sus miembros. Importa más, aquí, el espíritu de cuerpo que la legalidad; les preocupa más, a todos ellos, la impunidad de sus cofrades que la justicia; no buscan la verdad; al contrario, quieren ocultarla y disfrazarla.

Ahora bien, un país de instituciones podridas, un país donde se consagran las prácticas mafiosas ¿va a poder luchar eficazmente contra las organizaciones criminales? ¿Ese sistema nos va a brindar a los ciudadanos la seguridad que merecemos? ¿Una clase política que acoge y solapa a sus delincuentes va a organizar un aparato de justicia limpio, depurado y transparente? Ustedes dirán.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

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