Los Otros

Los Otros

Fui bautizado en el nombre de Pumas, el Athletic de Bilbao y el Espíritu Santo de la Selección Nacional; benditas almas del purgatorio. Por años mi retrato de familia fue la instantánea de un domingo. El padre en su palco de transmisiones y la madre, con el hijo en brazos cargando una pasión itinerante.

En casa la televisión y el futbol eran oficio. Vivíamos de los centavos que ganaba un artesano del periodismo deportivo. La comunicación se hacía a mano. Conservo la panorámica de aquel palco. La cuna era de piedra, me crié en el estadio de Ciudad Universitaria. Soy el pixel blanco de una Polaroid entre el escudo de Canal 13 y el de la Universidad. Tenía tres meses en escala de grises, fui arrullado por los ultras con el goya en megafonía. Aprendí a caminar detrás de un balón, me alimentó. Con el tiempo perdí la fe, tengo anemia de afición. Llegó la era del zaping y aquello se volvió una herramienta de control remoto. Fuimos cómplices del pago por evento, nos acomodamos con el click que oprime al futbol y lo volvimos un electrodoméstico. Un artículo de conveniencia, un impulso desechable. A veces, imagino cómo hubiera sido mi vida sin aquella fe de bautismo.

Los futboleros tenemos tendencia a creer en colores milagrosos, nombres eternos y escudos mágicos. Una enorme masa que se mueve con ritmos extraños y reza cantos paganos. Pareces mayoría, piensas que no hay vida más allá del estadio y que el futbol por ser humano, es condición natural. Pero existen los otros, seres que aprovechan tu fin de semana para ser felices, sin sufrimientos ni horarios profanos. Es un hecho, cada vez hay más gente que puede vivir sin nuestro futbol. Hasta en el círculo de las bellas artes existe un motivo para despertarte.

Jose Ramón Fernandez Gutierrez de Quevedo/mileniodiario

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