Frases de Enrique Jardiel Poncela

Frases de Enrique Jardiel Poncela

El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.

Ser libre es dejar de depender de alguien para depender de todos.

La mujer y el libro que han de influir en una vida, llegan a las manos sin buscarlos.

Las mujeres, como las espadas, cuando más respeto inspiran es cuando están desnudas.

La dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.

Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse.

Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.

La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.

La vida es tan amarga que abre las ganas de comer.

El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.

El amor es una comedia en un sólo acto: el sexual.

La verdad se parece mucho a la falta de imaginación.

Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.

Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos.

La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.

El etcétera es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.

En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.

La amistad, como el diluvio universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto con sus ojos.

El fin de la religión, de la moral, de la política, del arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos más que ocultar la verdad a ojos de los necios.

Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.

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