España está triste

España está triste
del blog de Pilar Jericó

Créanme si les digo que desde el advenimiento de la democracia, España jamás había estado tan triste. Ni a mediados de los setentas cuando luchábamos por abrirnos a un régimen de libertades tras cuarenta años de dictadura. Ni a finales de aquella década, cuando no había por donde agarrar a la economía porque la inflación se había desbocado a 27 por ciento. Ni en los ochenta, cuando ETA se cargaba a un militar un día y otro también. Cuando Tejero quiso dar un golpe de Estado y lo puso contra las cuerdas. Ni en los noventas, cuando ETA seguía golpeando y teníamos una recesión económica de las de verdad. Todo ello existía; pero también existía el hecho de que queríamos salir y respirar y ver que el mundo no se acababa y el planeta seguía girando sobre su propio eje y no sobre el eje de los españoles.

Sufrimos todo eso y mucho más, pero existía una voluntad de seguir, de no estancarnos, de hacer una España mejor para nuestros hijos y nuestros nietos. Hoy, todo ha cambiado. La ETA que tenemos es residual con escasos apoyos en la sociedad española y vasca.

Pero el verdadero problema en España es sin lugar a dudas, la recesión económica en la que todavía no tocamos fondo. La de 1992 pudo haber sido tan severa como la actual. Pero había un matiz. Las decisiones para salir de ella, las tomaba el gobierno, sin tener que pedir permiso a los países de la Unión Europea. Hoy no. Hoy nos dictan las normas los organismos internacionales y la propia Unión. Nos queda poco margen de maniobra.

Y ahí entra Zapatero y su ineptitud. Aznar y él se preocuparon por dejar que el boom inmobiliario saltara por los aires. Se trataba del motor de la economía española que junto con el turismo son los que tiran del carro español. Este último parece que empieza a salir del agujero. Pero con la destrucción del ladrillo, echaron a mucha gente a la calle. No eran sólo albañiles. Se trataba de albañiles, arquitectos y plomeros y fabricantes de vasos, tenedores, mesas y sillas. También los pintores y cerrajeros y jardineros y todos aquellos que, directa o indirectamente tienen que ver con un bien inmueble. El enorme colectivo engloba a decenas de miles de personas.

Pero además, el sector del servicio también se cayó. Hosteleros y meseros y dependientes y pilotos y sobrecargos y cocineros y porteros de fincas; todos ellos comenzaron a perder sus puestos de trabajo. Y así, nos encontramos con la cifra de cinco millones de trabajadores que están en la calle, 20.4 por ciento de la población activa. Se trata de una cifra maldita teniendo en cuenta que no se crea trabajo por ningún lado.

La destrucción del empleo cae a un ritmo de tres mil personas diarias. Toda una buena noticia si tenemos en cuenta que hace nueve meses se llegaron a destruir nueve mil empleos al día. Las medidas del gobierno no han servido mas que para gastar dinero y ampliar el agujero del déficit. Sólo con el famoso Plan de Infraestructura E, el ejecutivo se gastó diez mil millones de euros. Con ello, se quería crear empleo y se creo, pero de forma temporal. Todos ellos volvieron a la calle.

El español medio está harto y cansado. De poco sirven las huelgas generales como la del pasado miércoles, cuando se demuestra que se trata más de una pantomima formal de los sindicatos que algo realmente de fondo. No hay que tener visión de político. Es sólo aplicar la política al sentido común.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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