Dios

Dios

Dios me ve cuando cumplo con mis cotidianas abluciones en el baño y cuando hago el amor allá donde ello me sea posible, cuando miento por ladino interés o blanca caridad y cuando saco pecho para decir a voz en grito toscas verdades sonrojantes: Dios es el Gran Hermano de la Biblia y con su poco discreta actitud atenta de manera reiterada contra mi inviolable derecho a la intimidad, que creo que está recogido en algún críptico versículo de la misma Biblia o en un recóndito subapartado de la también sacrosanta Constitución.
Dios pega el ojo que todo lo ve a la cerradura de mi dormitorio como una chacha fisgona con plumero y cofia de reglamento y no se pierde un solo detalle de lo que pasa al mismo tiempo en el coqueto piso de la vecina porque, en fin, ya sabemos que es ubicuo. Dios está en todas partes, pero está como el que no está y en un alarde de mística capacidad para la Contemplación se limita a ver, oír y callar. Es verdad que eso es hacer tres cosas a la vez, pero no debemos olvidar que nuestro héroe cuenta para estos acrobáticos menesteres con la inestimable y mágica ventaja de ser uno y trino.
Dios es un mirón más que un padre vigilante y sigue con el hombre una estricta política de no intervención: estoy firmemente convencido de que si fuera testigo de un atraco a mano armada en plena calle se cruzaría de acera como un vulgar inspector con casco azul de las Naciones Unidas. Dios no se mete donde le llaman, se lava las manos como su archienemigo Poncio Pilatos, se inhibe como un miembro especialmente timorato o perezoso del Tribunal Supremo, se esconde en su neutral concha de caracol en cuanto las noticias anuncian que hay el más mínimo riesgo de lluvia, no vaya a ser que le falle el paraguas y le encoja la impoluta toga de los
domingos.
Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza no puede ser trigo limpio. No hay más que vernos para darse cuenta. Dios se parece tanto a Gandhi y a la Madre Teresa como a Nixon y a Franco, lo cual me lleva a pensar que debería contratar a alguien con cierta experiencia en castings para que le ayude a elegir sus referentes. En general, haría bien en dejarse de personalismos absurdos e improductivos y empezar a delegar responsabilidades. Los griegos tenían varios dioses y les fue de cine: de hecho, si han pasado a la Historia ha sido precisamente por cuidar los pequeños detalles de orden político y organizativo como ése.
A Dios se le amontona el trabajo con el hombre, una especie de hijo extramatrimonial a quien los entendidos consideran su peor error caligráfico y del que no creo que se sienta demasiado orgulloso. Dios se precipitó al concedernos libre albedrío y ahora su infalibilidad le impide rectificar. Con cada una de las idioteces que hacemos su competencia queda en entredicho, pero Él es Él por su propia y caprichosa Gracia y no convoca elecciones cada cuatro años. Hace mal, porque sabiendo lo supersticiosa que es la gente y el respeto que tiene por lo sobrenatural y por los barbados personajes bíblicos estoy seguro de que ganaría con mayoría absoluta y sin quitarse la gorra.

http://elblogdecamilodeory.blogspot.com/

Deja un comentario