De silencios

Hay momentos en la vida en los que por una razón u otra te apetecería gritar. Por una injusticia, por un agravio, por un insulto, por tantas cosas. Y en ese momento de indignación te parece que hacer ruido, gritar con todas tus fuerzas, o insultar a alguien es la mejor opción. Y no dudo que no sea una opción placentera momentáneamente. Gritas, insultas y ¡Dios, que alivio! Pero ¿nos sirve para arreglar algo?
En esos momentos, callar no es tu primera opción, ni la segunda, ni la tercera, porque es la opción difícil. Oir a los demás pronunciarse, hablar categóricamente sobre algo que te atañe y no contestar a sus palabras, es probablemente un acto casi de valentía. Pero, aunque la gente dice que el tiempo pone a cada uno en su sito, yo creo, que cada uno de nosotros nos ponemos en nuestro lugar con nuestras acciones, y no ponerte a la altura de los que te ofenden o de los que te hacen daño, ya te otorga una perspectiva diferente. Porque a veces el silencio hace más ruido que el propio ruido.

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