¿Cuotas por género?

¿Cuotas por género?Formo parte del Comité Editorial de la revista Nexos y no he sabido de artículos rechazados por venir de mujeres. Lo digo porque un consejero, Fernando Escalante, se ha puesto a contar las mujeres que escriben en Letras Libresy en Nexos, las revistas de mayor prestigio intelectual en México, y descubrió, oh Perogrullo, que publicamos a muchos más hombres que mujeres. También en los comités somos mayoría. Tarea: contemos, para el próximo número de Nexos, las colaboraciones ya ofrecidas y publiquemos un recuadro por sexo: cuántas llegaron firmadas por mujeres y cuántas por hombres al 30 de septiembre.
Podemos revisar exhaustivamente publicaciones, como ya hizo Héctor Aguilar Camín (director de Nexos) en su espacio: sea MILENIO o Le Monde, el NYT o algún diario de China: la mayoría de sus directivos, reporteros y comentadores son hombres. Lo mismo ocurre en cualquier área porque los hombres somos competitivos: las cuotas de género que se han autoimpuesto los partidos políticos, como parte de su corrección política, resultan con frecuencia deficitarias, cuando no llenadas a la fuerza. Recordemos a las diputadas “juanitas” que dejaron a sus suplentes varones en la curul.
El problema viene de que hemos votado en asamblea mundial que hombres y mujeres son iguales. Y no lo son: los hombres somos competitivos en todas las áreas, sin excepción. Y lo somos porque asumimos las actividades más riesgosas, como la defensa contra otros machos, o la guerra en humanos. Y asumimos los riesgos porque los machos son sustituibles, las hembras no. Si un gallo se me muere, todas mis gallinas resultarán fecundadas por los restantes. La especie ahorra alimento si tiene más hembras que machos. Por eso manda hombres a matarse entre sí y en los naufragios oímos el grito “mujeres y niños primero”: son los resabios de nuestra evolución.
Veamos las competencias deportivas. La más popular en el mundo es el futbol. Usted sabe que hay una Selección y una Sub-17 femeninas. ¿Ha ido a ver sus partidos al estadio? ¿Los ha visto en TV? Si no lo ha hecho no es por misoginia ni machismo: es que a la enorme mayoría de los hombres no les interesa, y a las mujeres no las entusiasma el futbol, menos aún si juegan mujeres. Los estadios están vacíos porque no asisten ni las mujeres que “deberían” ni los hombres.
Los deportes muestran dominio masculino porque han sido diseñados por hombres que desean poner a prueba sus límites. Y esos límites están dados por la estructura ósea y la muscular. Nunca he visto una corredora famosa que tenga buenas tetas y caderas amplias para apoyo de buenas nalgas. Todas parecen hombres porque ese tipo físico es el más eficiente al realizar pruebas que buscan los límites de esa forma física. No he visto tampoco un basketbolista chaparro y gordo… ¡Ay, los discriminan! No, simplemente no sirven.
Cuando un tenista se operó y quedó hecho una guapa mujer, las tenistas se negaban a competir con ella… porque, decían, les llevaba ventaja. En los deportes hay categorías femenina y varonil, y nadie ha exigido que esas barreras se derriben por sexistas. Las campeonas no calificarían revueltas con sus equivalentes varones.
Los hombres que sobresalen en ballet clásico, los que hacen arreglos florales para fiestas y los diseñadores de modas tienen fama de ser homosexuales. Y casi siempre lo son. Mujeres en levantamiento de pesas son lesbianas. En otros deportes también, no así en tenis ni en clavados. Es que, sencillamente, hay actividades que no atraen a heterosexuales, hombres o mujeres. Y no es aprendizaje. Sin importar régimen ni sistema social, los estadios de futbol están llenos de hombres, como las arenas de box y lucha. O las publicaciones.
¿Y éstas por qué? Porque en la refriega de la política también los hombres suben con más facilidad que las mujeres: es “la guerra por otros medios”. Y las publicaciones son parte del panorama político.
Si a los partidos les cuesta trabajo llenar sus cuotas de género, en las publicaciones inventaríamos un falso problema si impusiéramos cuotas. No podemos obligar a los hombres a ir al estadio cuando ellas juegan futbol. Tampoco podemos los editores cumplir cuotas por sexo en publicaciones.

Luis González de Alba/mileniodiario

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