Viva mi desgracia, pues

Viva mi desgracia, pues
Como Héctor Aguilar Camín, creo que México está de mal humor. Y le subo: está insoportable. Estamos. En una conferencia, no puedo decir nada peor, que sulfure más los ánimos, caldee el ambiente y produzca andanadas de participaciones que la afirmación: Hoy México está mucho mejor que en 1968. Si digo que entonces era impensable el triunfo de un partido opositor al PRI, me responden que hoy también ganan solamente los paleros; si aclaro que el PAN no lo es, soy panista; y si digo que también hay gobiernos del PRD en estados, municipios y en nada menos que la capital del país, las intervenciones adquieren sutileza kantiana: veo las apariencias, pero no al “país en sí”, que está jodido.
Tenemos elecciones en manos de los vecinos, conteo voto por voto ante representantes de todos los partidos y observadores nacionale e internacionales, hojas de votación numeradas y en papel de alta seguridad, copias de actas finales para cada partido. Ah, pero el fraude nos lo demuestran con ciertos números, imposibles a juicio de cada malhumorado. Ningún número es imposible en estadística: que una moneda caiga cien veces águila no demuestra que esté cargada, eso se prueba revisando la moneda. Las elecciones han sido revisadas en centenares o miles de detalles y nadie ha podido desnudar el mecanismo del fraude. El cómo, cuándo y quién. Entonces se acude, como el mal jugador, a tirar el tablero y acusar de vendido a quien pide pruebas.
Muchachos en pantalón pesquero a la rodilla, camiseta de tirantes y arete en la nariz, que así pueden salir a la calle sin molestias e ir a clase, hablan de represión. Y la fundamentan porque alguna vez a algunos la policía les impidió llegar a donde el rey de España y los presidentes de Hispanoamérica negociaban en Guadalajara cómo abatir fronteras. ¡Pero si sólo iban a demostrarles, a palos, que las fronteras deben persistir!… El sueño de un mundo sin fronteras lo mantenemos los viejos.
He dicho que a las 11 de la noche del 15 de septiembre de 1810 no ocurrió nada: el cura Hidalgo hizo su llamado a las armas a las 6 o 7 de la mañana del 16. Por eso no hay nada que celebrar a esa hora. Si digo que en 1810 no hubo independencia, recibo aprobación inmediata en términos de que México sigue sin ser independiente. Si aclaro que me refiero a que la independencia ocurrió en 1821 y nada, salvo retraso, le debe al cura Hidalgo, oigo decepciones: desean oír que México todavía no es independiente. Lo es, insisto, con la co-dependencia de toda nación en el mundo actual: ni Francia ni Estados Unidos son independientes si por eso entendemos autosustentables.
Las amigas de izquierda marchan, y hacen bien, cuando el gobernador de Jalisco ofrece macrolimosnas al cardenal. Pero no dicen ni pío cuando el PRD regala, no treinta millones, sino miles de millones en obras sin concurso y guarda por doce años el secreto de sus costos, ni cuando hace candidatos a quienes antes acusó de delincuencia electoral y de homicidio.
“Tlatelolco se repitió, peor, en Atenco”; “el presidente Calderón lleva varias decenas de miles de muertos”… Respondo, cuando me lo permiten, que ni Tlatelolco fue lo que hemos contado (porque si el Ejército llega ametrallando a la multitud no sobrevive nadie) ni Atenco sirve más que para dos cosas: recuperar el lago salado y que vuelvan los patos, o echarle cemento encima para pistas de un aeropuerto que no obligue a volar sobre el Paso de la Reforma del DF. Y los muertos los ha puesto el crimen.
Los radical chic están llenos de fobias: no a un Sanborn’s en Coyoacán, no a un McDonald’s en Oaxaca, no a un súper en Teotihuacán. Claman al cielo como si fuera a estar sobre la pirámide del Sol, no en el pueblito horroroso de junto, y callan que lo piden los vecinos. Mac hace sus hamburguesas con carne de rata, afirmó una gran pensadora, sin calcular que la tonelada de carne de rata debe ser miles de veces más cara que la de res. Pero los chic viejos y los chavos quejumbrosos se tragan ruedas de molino sin parpadear siempre y cuando demuestren cuán jodidos estamos. En sus reuniones cantan “Viva mi desgracia, pues”.

Luis Gonzalez de Alba/mileniodiario/pintura de rufino tamayo

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