Usar la tableta encuerado

Usar la tableta encuerado

Este sábado a mediodía, en las regaderas del Club Mundet, justo antes de entrar al vapor, un tipo sin ropa hacía una pausa enfrente de su casillero para darse vuelo navegando en su iPad. Tecleaba con el aparatillo sobre sus piernas. Si no fueran tan visibles sus manos sobre esa delgada computadora, uno pensaría que se estaba manipulando algo más. Estaba metidazo.

Esto del uso del iPad encuerado no me había tocado. Las he visto en aeropuertos, oficinas, restaurantes, cafeterías y otros espacios públicos. Me imaginaba que en la intimidad también podrían tener uso cuando uno está en cueros; pero el club no es precisamente el espacio más íntimo y, aunque el celular es de uso común en esos sitios, más bien lo lleva uno pegado en la oreja, mientras que el dueño de esa computadora tabletacubría pudorosamente sus partes nobles con lo plano del reverso de su pantalla. Era como una yuxtaposición de “tecnologías”.

Escena digna de una fotografía de David Lachapelle: lonjita rebasando el borde negro del aparato inventado por Steve Jobs; ambiance deportivo; deditos tecleando; casilleros setenteros pintados en amarillo canario; glande haciendo contacto con la manzanita de Apple.

Y es que esto de las tabletas no me convence aún del todo, principalmente por tener que cargar otro aparatillo más. Eso sí, están preciosas, y no dudo de sus bondades para el acceso a datos. De hecho, lo más impresionante es la forma en la que está “explotando” el mercado: en 2012 se estarán vendiendo más de nueve mil millones de dólares en todo el planeta de estos aparatos.

Hace unos días la sudcoreana Samsung presentó la suya, llamada Galaxy Tab, acaso el más preclaro de los lanzamientos: una pc tableta que cabe en la palma de la mano y en la bolsa del saco. Habrá que mirarla a detalle.

No obstante las innovaciones de los aparatos, parece que el talón de Aquiles en nuestro país seguirá siendo la velocidad de interconexión a la red. Porque hay que decirlo: aunque Prodigy domina, muchos de sus usuarios empiezan a desesperarse por la limitada velocidad con la que se pueden bajar videos y otras aplicaciones. Quizá por eso el señor del club no despegaba la vista de su monitor. Estaba esperado…

CarlosMota/mileniodiario

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