Reflexiones pospatrióticas 3. Este país

Reflexiones pospatrióticas 3. Este país

Me gusta más el país que tenemos que el país de la Independencia que he visitado en los libros. Y desde luego me gusta más el cura Hidalgo que inventamos y recordamos que el cura Hidalgo de carne y hueso que desbarató Guanajuato.

Los costos de las guerras de independencia hispanoamericanas hicieron decir a Bolívar: “Hemos ganado la independencia a costa de todo lo demás”.

Tenía razón Bolívar. Lo mejor de todo eso es que está en el pasado y no hay que volverlo a hacer.

Se trata de un pasado extraordinario para el historiador, para el novelista, para el filósofo moral, para el simple observador de las costumbres. Pero el México de la guerra por la independencia no es el mejor país para vivir, para haber vivido.

Una gran cosa de la historia mexicana es que el país se ha ido alejando todo lo que ha podido de sus gestas catastróficas. No ha podido mucho, pero algo.

Tuvo dos gestas caras en el siglo XIX: la independencia y la reforma. Tuvo una gesta y media en el XX: la revolución de 1910 y la cristera. Padece una balacera criminal de no muy grandes dimensiones históricas, en lo que va del siglo XXI.

Qué bueno. Nada importante debe el país a su violencia, incluso cuando ha sido libertaria. Todo lo digno de habitar que tiene lo ha construido en la paz, incluso cuando ha sido una paz poco democrática.

Si los dos pensadores mayores del siglo XIX, Lucas Alamán y José María Luis Mora, fueran traídos por una máquina del tiempo al México de hoy, no darían crédito a las bendiciones comparativas que verían sus ojos.

Mora, quien murió en el exilio sin haber visto ni el primer atisbo del país de propietarios industriosos y autónomos que soñó, caería de hinojos ya no digamos ante la red de grandes empresas mexicanas, sino ante el espíritu emprendedor y el olfato mercachifle que puede pizcarse al vuelo en el más modesto comercio ambulante.

Alamán, que temió en el prólogo de su gran Historia, publicada en 1849, la desaparición de la nación, apenas podría creer que se mantuvo intacta territorialmente y llegó a poblarse hasta la bandera.

El México de 2010 es un país mejor que su pasado, pese al mal humor del momento. ¿Mejor en relación con qué? Mejor en relación con volverse un país “civilizado” o “desarrollado” o “moderno”.

Es decir, el sueño de un país próspero, equitativo y democrático. Háganle como quieran: estamos más cerca de eso hoy que hace 200 años.

El mejor país que ha sido México es éste. Y el mejor México que podemos tener es el que sigue de éste, el que nos espera adelante.

Hector Aguilar Camín

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