Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura

Reflexiones pospatrióticas 2. Los costos del cura
El Plan de Iguala logró unificar a toda la oligarquía criolla

En los cálculos de Coatsworth, un extraordinario historiador económico, la guerra de Independencia le costó a México una caída de su ingreso per cápita de los 40 dólares que tenía en 1800 a 27 en 1825 (“La independencia que no fue”, Nexos, septiembre 2002).

La mayor parte de ese costo es atribuible al cura que celebramos en estos días como Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, y a sus émulos y sucesores.

A las hazañas insurgentes debemos no la independencia del país, pues esa se obtuvo hasta 1821, sino algunos de los años de mayor violencia y destrucción de nuestra historia, todo lo que llamamos “guerra de Independencia”.

Resume el historiador Carlos Herrejón:

Las tropas y tropeles en pugna, así como la zozobra aparejada, fracturaron los circuitos comerciales. Esto conllevó al quebranto del sistema de crédito, carestía y falta de numerario.

La producción de oro y plata que en 1810 llegaba a poco más de 19 millones de pesos, apenas logró cuatro millones 400 mil pesos en 1812 […].

La agricultura también se vino abajo, no sólo por razones análogas a las de la minería, sino en no pocos casos por el saqueo de haciendas. Un indicio fue la estrepitosa caída del diezmo en los principales obispados.

En cuanto a la manufactura, el cierre de obrajes fue significativo, como en Querétaro, donde funcionaban 19 en 1810, mientras que en 1812 apenas había cuatro.

Junto con todo esto, aparecía el grave deterioro en que fue quedando la red caminera, que incluía las arterias Veracruz-México, Acapulco-México, México el Bajío-Guadalajara y Zacatecas, y que aparte fue objeto de constantes asaltos.

Finalmente, la guerra implicó rapiña, donativos y préstamos forzosos a particulares y corporaciones, de tal manera que el país acabó descapitalizado [Carlos Herrejón. “Los costos de la patria”, Nexos. Septiembre, 2010 (nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=265398)].

La independencia de México no se “consumó” en 1821. Se obtuvo, lisa y llanamente, mediante un acuerdo pragmático y poco heroico, el Plan de Iguala, quizá el documento político más eficaz de nuestra historia.

El Plan de Iguala ofreció algo a todos los sectores e intereses de la Nueva España y obtuvo de todos una adhesión voluntaria. La política pactadora, no la guerra heroica, le dio la independencia a la nación.

Pero los insurgentes incendiarios son nuestros héroes y el político pragmático que pactó la Independencia, uno de nuestros villanos. El país ha necesitado desde entonces más planes de Iguala y menos patriotas insurgentes.

Hector Aguilar Camín/mileniodiario

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