Reflexiones pospatrióticas 1. La historia que no fue

Reflexiones pospatrióticas 1. La historia que no fue

Dice el historiador John Coats-worth, en un ensayo lleno de imaginación y humor, que los mexicanos tuvimos mejor oportunidad de declarar y pelear nuestra independencia que cuando lo hicimos. (“La independencia que no fue”, Nexos, septiembre 2002)

Nos hubiera ido mejor, dice, si nos hubiéramos rebelado en 1776, junto con los colonos ingleses de la costa Atlántica. Nosotros contra España, ellos contra Inglaterra.

Nuestra rebelión habría impedido o diluido el apoyo que recibieron los colonos americanos de Francia y España, Inglaterra hubiera sofocado la rebelión de las 13 colonias que serían con el tiempo Estados Unidos, y hasta hubiera ayudado a la Nueva España a independizarse de Madrid y a iniciar su vida de nación independiente en 1780 y no en 1821, 40 años que le hubieran permitido fortalecerse como país al tiempo que EU arrancaba más tarde.

En 1776, la diferencia entre lo que iba a ser México y lo que sería EU no era muy grande en términos económicos y era enorme, a favor de México, en población y territorio.

En 1776, según los cálculos de Coatsworth, un historiador económico, México (la Nueva España) tenía 6.9 millones de kilómetros cuadrados, 4.5 millones de habitantes y un ingreso per cápita de 40 dólares. En ese mismo año EU (las 13 colonias inglesas) tenía 1.5 millones de kilómetros cuadrados, 2.5 millones de habitantes y 60 dólares de ingreso per cápita.

En 1850, la diferencia entre ambos países era abismal. México tenía 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio (contra 5 millones de EU), 7.5 millones de habitantes (contra 23 millones de EU), y un ingreso per cápita de 32 dólares (contra 132 de EU).

Si México hubiera lanzado su Grito de Independencia en 1776 y la hubiera logrado, con la ayuda de Inglaterra, al tiempo que Inglaterra difería por unos años la independencia de EU, la historia de México habría sido radicalmente distinta.

Estados Unidos se hubiera expandido hacia el norte, sobre Canadá, como lo intentó de hecho, y no hacia el sur, donde habría encontrado un vecino más consolidado por su nacimiento adelantado como nación.

México hubiera perdido la Lousiana, a manos del juego entre los imperios europeos, pero no los inmensos territorios que perdió a manos de EU. Y al llegar 1850 habría estado en una posición mucho mejor, con 5 millones de kilómetros cuadrados de territorio (contra 1.5 de EU), 9.7 millones de habitantes (contra 6.9 de EU) y un ingreso per cápita de 76 dólares (contra 84 de EU).

Pero no fue eso lo que sucedió, sino el cura Hidalgo.

Hector Aguilar Camín/mileniodiario

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