R.I.P.: José Antonio Labordeta

Era, decía él, un cascarrabias irónico. No se conformó con el cuarto de las inspiraciones; recorrió España, la dibujó desde su mirada, contribuyó a mejorar el ánimo español; consiguió juntar canciones que dieron un retrato de su personalidad como activista y también como personaje que mezclaba la rabia con melancolía; dejó una legión de amigos de todas las clases y de todos los sitios, y asumió la enfermedad, y por tanto el dolor, con el ánimo de no dejarse contaminar por la dejadez que tantas veces ocasiona el sufrimiento. Regaló su tiempo y su voz, no sintió las tentaciones de la vanidad, así que siguió trabajando, escribiendo, hablando; en el parlamento fue una mosca cojonera que un día se hartó hasta gritar “váyanse a la mierda” a las señorías que lo incordiaban. Su música fue un lema y un eslogan y ahora su voz se canta como una mezcla ingrávida de inspiración telúrica y capacidad para tocar lo que de verdad es la tierra, sus caminos. Labordeta. Fue maestro. Y fue un maestro. El mejor amigo posible, dice ahora Luis Alegre en la radio. Emotivo adiós que se une al adiós multitudinario que se merece desde el alma.

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