R.I.P.: Germán Dehesa

R.I.P.: Germán Dehesa
Reproduzco el siguiente artículo publicado por la Revista Quien sobre la muerte de Germán Dehesa:

En la última colaboración del escritor en el diario Reforma, fechada el 25 de agosto, el dramaturgo comenzó a decirle adiós a todos aquellos que lo leían, aunque recalcaba que él quería vivir aún más.

El 25 de agosto el escritor Germán Dehesa comenzó la despedida de sus lectores, a quienes les confesaba a través de su columna del periódico Reforma Gaceta del Ángel que se encontraba “enfermo, seriamente enfermo”.

El padecimiento no era algo que podría curarse tan fácilmente, pues el dramaturgo tenía cáncer, afortunadamente con “ningún dolor insoportable”, decía, pero enfermedad que finalmente le arrebató la vida.

Ese miércoles, sin imaginarlo, escribió su última colaboración para el periódico Reforma titulada “El corazón y sus figuraciones”. En ésta explicó a sus lectores que trataba de vivir sobre las puntitas de los pies para ver si así el cáncer no se percataba “de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar”.

Su vida era casi secreta, dijo el dramaturgo aquel 25 de agosto, y añadió que “nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año”.

Desgraciadamente la vida le jugó una mala pasada y le adelantó su despedida de este mundo este jueves 2 de septiembre.

Pero él anhelaba vivir más, lo deseaba tanto que entre broma y en serio escribió que esperaba “distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020”.

También esperaba seguir escribiendo. En la columna de aquel miércoles le dijo a sus lectores con su singular sentido del humor que “mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón”.

Pero también le molestaba comenzar la despedida, quizás sabía que el tiempo se le estaba agotando y por ello no desaprovechó la oportunidad de decirles adiós a todos los que lo leían, de decirles que tenía ganas de vivir, de escribir, de soñar.

En ese mismo escrito, sin querer o queriendo, le dijo adiós a su familia: “Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana.

“Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga”.

Sin embargo, él sostenía que no se estaba despidiendo de nadie, ni de sus lectores ni de su familia: “Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera”

Su último párrafo denotaba las ganas de seguir viviendo, de continuar disfrutando lo que a él más le encantaba y así fue como terminó lo que sería su última colaboración para el diario Reforma:

“Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?”

Descanse en paz, Germán Dehesa.

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