Muy tonto hay que ser

Muy tonto hay que ser

No he conocido a ningún físico nuclear tonto. La verdad es que tengo pendiente conocer a un físico nuclear. Se dice que los matemáticos son gente de ideas fijas y cabezas cuadradas. Los admiro profundamente. Como a los ingenieros y los arquitectos en general. Y he conocido a muchos grandes entendidos de fútbol completamente entregados a la majadería intelectual.

Muy tonto hay que ser para ver mil partidos de fútbol y no enterarse de qué va la cosa. Tuve la suerte de aprender la fácil asignatura del fútbol con los mejores profesores. Mi infancia coincidió con el Real Madrid de las cinco primeras Copas de Europa. Ahí estaban Di Stéfano, Puskas, Gento, Rial, Kopa, Santiesteban, Santamaría, Marquitos, Zárraga y compañía. Violines y percusión. Y el Milan de Liedholm, y el Manchester de Byrne, Violet, Blancflower y Bobby Charlton, roto en Munich, y más tarde la aparición fabulosa de Pelé, Garrincha y compañía. Además, modestamente, fui un buen delantero en mis equipos del Colegio. Para admirar el toque de balón hay que experimentar la dificultad del trance. Saber de fútbol es muy fácil. En la Mili, se movía por el campamento de Campo Soto un cabo primero de la Policía Militar, durísimo él, con la misma inteligencia que un berberecho. No obstante, era un sabio del fútbol. Y de ahí mi actual estupor.

Los grandes clubes, y me refiero al más grande según la FIFA, se gastan centenares de millones de euros en directores técnicos, deportivos y asesores que no hacen otra cosa que equivocarse. Lo siento por Florentino Pérez, al que mucho estimo. Pero de ser él, sólo la imagen de David Villa saltando al campo del Sardinero con la camiseta del Barcelona, podría haberle llevado a un ataque de frustración. Villa ha sido del Real Madrid en dos ocasiones. La primera se la llevó el viento por culpa de Raúl, que no quería competencias. Y la segunda, cuando Pérez y el gran sabio Valdano decidieron que no valía los tres millones de euros que separaban la oferta de la demanda. Entonces, el sabio Valdano contrató a Benzemá. Como el cabo primero de Campo Soto, una autoridad en el fútbol.

Valdano, que dice ser de izquierdas, es un gran amante de la clase media en el fútbol. El Real Madrid, exceptuando a Cristiano Ronaldo, cada día más antipático y creído, y a Casillas, que sí es un deportista ejemplar, es un canto a la clase media. Una de esas zambas argentinas que suenan muy bien y no dicen nada de nada, como alguna de las que cantaban los formidables «Chalchaleros» comiéndose la última sílaba de cada verso. Al Real Madrid le falta la última sílaba porque sus directores deportivos no saben de fútbol, ese conocimiento tan simple y sencillo. Nunca ha sido el entrenador la estrella de un equipo, y eso sucede hoy en el Real Madrid. El equipo de Mouriño eliminó al «Barça», y como paletos, contrataron a Mouriño. Puede ser un buen entrenador, pero no remata. Rematan los delanteros, que el Real Madrid no tiene. Además, que si Mouriño, con su carácter y sus normas, se hace responsable de todo, ¿qué pintan Valdano y su gente en este Real Madrid?

Una persona como Florentino Pérez, que ha demostrado su inteligencia en otros campos que no son los de fútbol, tendría que saber algo de este deporte. Intuir, por ejemplo, que tres millones de euros más por Villa es calderilla comparados con los treinta pagados por Benzemá. Que con Granero, Khedira, Higuain, Lass, Di María y compañía, se puede ganar al Hércules, pero no mucho más. Me veo en el cuerpo de Florentino viendo a Villa vestido de azulgrana por su culpa y la de Valdano. Y me veo señalando a Valdano el camino de la puerta, y dimitiendo posteriormente. Por no saber de fútbol. Por derrochar en honrada clase media. Por hacer del Real Madrid un patético  segundón. El cabo primero de la Policía Militar lo hubiera hecho mejor.

Alfonso Ussia/larazondigital

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