Mala fiesta, mala cruda

Mala fiesta, mala cruda

Yo no estoy de acuerdo con que los festejos del Bicentenario hayan sido un éxito porque estuvieron llenos de detalles pavorosos. El peor de todos fue el del miedo.

Desde que aquello se anunció se nos hizo creer que iba a ser peligroso, que el crimen organizado iba a aprovechar los espacios abiertos para matarnos a todos, que lo mejor era que nos quedáramos en nuestras casas para verlo por televisión.

¿Por qué? Una fiesta nacional se vive en las calles, con los monumentos, con la gente. Y más si se trata de un desfile o de una tradición tan arraigada como el Grito.

Acuérdese de cuando salimos a recibir el año 2000, de cuando la gente salió a festejar el triunfo de Vicente Fox, o de cuando los capitalinos corrieron a celebrar la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas al gobierno de la Ciudad de México.

¿Cuál es el interés de la presidencia de Felipe Calderón de tenernos perpetuamente encerrados y aterrorizados?

Todo en este sexenio ha sido una invitación al pánico: las elecciones de julio pasado, los retenes, lo de la influenza.

Qué casualidad que la gente no cabe en las calles del Distrito Federal para celebrar el Bicentenario, pero que sí cabe y hasta sobra espacio cuando gana la selección nacional.

Ahora, el festejo estuvo horrible y lleno de situaciones que sí ameritan una crítica severa.

¿Se dio cuenta, por ejemplo, que el desfile abrió con camoteros y recolectores de basura? Hasta la gente que narraba el show para la televisión se quedó sin palabras.

¿Por qué? Porque si hay un sector de la población olvidado por nuestras autoridades es el de los pobres, porque si ha habido una lucha por acabar con algo en el centro del país ha sido por aniquilar el comercio ambulante y porque la gente pobre de esta nación no es así.

¿Se fijó en la parte del desfile que se supone que era un reconocimiento a nuestras comunidades indígenas?

No eran indios de verdad, eran blancos maquillados de morenos, chicos de ciudad bastante bien alimentados que ni en sus más remotas fantasías van a interpretar una danza ritual.

Mientras ellos posaban para esa mentira, nuestros verdaderos indígenas estaban enclaustrados en sus comunidades, viviendo en la peor de las miserias, sin la más remota posibilidad de ser tomados en cuenta.

Lo más patético es que mientras todo esto pasaba, los especialistas de los medios de comunicación alucinaban con que aquello era un renacimiento, una especie de año nuevo tras el cual vendrían planes y propósitos. ¡Cuál!

Aparecieron carros alegóricos con chavos felices haciendo acrobacias en patineta y a nadie se le ocurrió decir que aquello era la cúspide de la hipocresía.

En este país si andas en patineta te tachan de pandillero, y si eres joven te lleva la tristeza porque no hay apoyos, no hay oportunidades, escuelas. ¡Somos el país de los ninis!

No, pero la peor parte de los festejos fue la del Zócalo… ¡con los ricos viendo a la chusma desde los balcones de Palacio Nacional! Fue una de las imágenes más grotescas que le pudimos haber regalado al mundo.

¿Cómo podemos presumir de ser una nación democrática si en los festejos del Bicentenario de nuestra supuesta libertad, a los poderosos les dio miedo mezclarse con el pueblo y a los pobres se les negó el derecho de ir a la más pública de las plazas que tenemos en México? ¡Cómo!

¿Y qué me dice de la coreografía que toda la masa preparó para bailar en cierto momento de la fiesta?

Independientemente de que no se entendió en la tele, fue convertir algo hipersagrado como la memoria de nuestros héroes en un bailecito como “El felicidades” de Hoy. ¡No se vale!

A mí lo que me sigue teniendo impresionado es lo del coloso y no por la escultura, sino por el escándalo que se ha hecho alrededor de un recurso tan básico como ése y porque nadie ha dicho lo que se tiene que decir:

Ese mono es exactamente el tipo de mexicano que jamás ha triunfado en este país, el estereotipo que nunca veremos en nuestra tele, el tipo físico al que más le sacan la vuelta nuestros líderes.

¿Cuál fue la intensión de pararlo en el Zócalo? ¿Volver a mandarnos un mensaje contradictorio o qué?

Lo del Bicentenario, en resumen, fue una mala fiesta. No nos dejemos engañar. Ahora viene la cruda. ¿Con qué nos van a distraer en las próximas semanas? ¿Con qué nos van a volver a atemorizar?

Alvaro Cueva /mileniodiario

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