Lo que detesto y amo de México… (primera parte)

Lo que detesto y amo de México… (primera parte)

De México, de los mexicanos, ahora que se festeja lo que somos como nación, detesto:

• La corrupción. Sólo tres datos, los más recientes, de Transparencia Mexicana: en el país hay… ¡197 millones de actos de corrupción al año! Eso le implica al país un costo de 27 mil millones de pesos por año.

La corrupción de políticos y empresarios indigna, pero la corrupción que más me repugna es la que inicia en los hogares: ese dinero para que el policía no infraccione; ese dinero para sacar documentos chuecos; ese dinero para que al maestro apruebe al baquetón del hijito; ese dinero para que en el antro sirvan alcohol a los adolescentes, mucho de los cuales cometen tropelías terribles o acaban muertos. Habría que liberarnos de eso.

• La suciedad. Muchos mexicanos son unos cerdos. Habrá usted visto a miles de tipos lanzando basura en playas, calles, bosques, parques, carreteras, universidades, plazas. Y eso, eso genera contaminación no sólo en las ciudades, sino en los mares, en los lagos, en los ríos, en los campos, en las selvas. Cerdos contaminantes. Habría que liberarnos de eso.

• La carencia de civilidad de los conductores. Además de ciertos taxistas y microbuseros, detesto a todos esos que cuando están en un embotellamiento bloquean una calle por el simple hecho de avanzar unos metros más, y con ello obstruyen el paso de cientos de coches. Son los representantes más notorios del odioso valemadrismo mexicano: que se jodan los demás. Habría que liberarnos de eso.

• Los nacos. Los nacos de todas las clases sociales: el naco puede ser pobre, de clase media o multimillonario (de hecho creo que los peores nacos son los adinerados). Los nacos son los que carecen de civilidad: los que golpean a las mujeres, los que las maltratan emocional y económicamente. Los nacos son los que corrompen, los que ensucian, los que ponen la música estruendosa en una playa sin que les importe si los demás desean escuchar el sonido del mar; los que hablan soezmente en todos lados; los que al trabajar lo hacen mal por pereza; los que ostentan su dinero en un país de pobres (así se visten, así decoran sus casas). Los nacos son los que requieren de generaciones para refinarse, para civilizarse, para educarse. Deberíamos liberarnos de eso.

Odio la miseria, el desempleo, los políticos ineficaces y fracasados (casi toda la generación actual), la violencia del narco, y todos esos asuntos que tienen que ver con quienes usufructúan el poder (los poderes), pero todo aquello que enumeré antes sólo tiene un responsable que no es el Estado: nosotros mismos. Y sólo nosotros podemos cambiar eso que hace que México, en parte, sea una nación detestable…

Juan Pablo Becerra-Acosta

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