Lo que amo de México… (segunda y última)

Lo que amo de México… (segunda y última)
La semana pasada redacté acerca de algunas cosas que aborrezco de nuestro bicentenario México. Ahora expongo lo que me gusta, lo que amo…
De la música, qué gusto escuchar a un tenor como Fernando de la Mora. O apreciar a la alegre Alondra de la Parra. Oír a Lila Downs, Susana Harp, Luis Miguel (que nos recordó los boleros), Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas, Los Panchos. A la soprano Rebeca Olvera. A Tania Libertad, de origen peruano, pero de vida mexicana. Me gusta que cantemos “Bésame mucho”, “Amorcito corazón”, “Cielito lindo”. Que haya mariachis, jaranas, danzones…
De la pintura me gusta que tengamos a Tamayo, a Toledo, a Sergio Hernández, a Águeda Lozano, a Velasco…
De la literatura me gusta que contemos con Sabines, con José Rubén Romero (¿ha leído usted Anticipación a la muerte?), con Paz, Rulfo, Ibargüengoitia, Arreola, Fuentes, y con Sor Juana y su Primer sueño…
Me gusta la Virgen de Guadalupe. Y los antiguos templos mexicanos…
Me gustan las playas, los atardeceres de nuestro Pacífico y sus arenas doradas. Los amaneceres y los colores de nuestro Caribe y sus arenas blancas…
Me gustan nuestras decenas de pirámides. Y tantas ciudades coloniales y pueblos mágicos…
Me gusta que tengamos tantos médicos excelentes. Y arquitectos geniales e ingenieros impactantes. Grandes académicos. Me gusta haber tenido a un genio como Guillermo González Camarena…
Me gusta haber visto pelear a El Púas, a Mantequilla Nápoles, a Julio César Chávez y los videos de El RatónMacías. Me gustó el toreo de Silverio Pérez y haber gozado y sufrido en la plaza con David Silvetti…
Me gusta que tengamos tantos bosques, ríos, sierras, campos, rincones. Los volcanes nevados. Nuestros hoteles…
Me gustan nuestras flores y árboles: bugambilias, rosas, orquídeas, cempasúchil, jacarandas, fresnos, eucaliptos y pirúes…
Me gustan nuestras risas, bromas, amistad, romances. Nuestra solidaridad. Y generosidad. Nuestros sueños. La familia…
Me gustan nuestros colores y nuestras artesanías.
¡Y nuestras comidas! ¡Qué comidas! Los desayunos de fin de semana, por Dios… Y el chocolate…
Enrique Krauze me recordaba hace unos días: “Hay una vieja sabiduría elemental que en inglés dice: ‘Cuenta tus bendiciones’…”.
Pues eso: sí, tenemos un alud de terribles problemas, sufrimientos, desigualdades, carencias y rezagos, pero deberíamos contar nuestras mexicanas bendiciones. Respeto a los que no vibran con su patria, pero a mí sí se me pone la piel erizada ante una majestuosa bandera y ante nuestro himno. Será la herencia militar que fluye en mi sangre. El caso es que amo a México…

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