La chaqueta

La chaqueta

CHAQUETA (De jaqueta). f. Prenda exterior de vestir, con mangas y abierta por delante, que cubre el tronco. 2. f. Méx. Masturbación. 3. f. Venezuela. Cazadora (II Chaqueta corta y ajustada a la cadera). Una vez anotado esto puedo empezar a repasar uno de los episodios más desgarradores y trascendentes de mi vida. Mucha gente que conozco pone un punto y aparte en su vida en el momento en que conocen al amor de su vida, yo pongo el punto y a parte justo el día en que terminé con el supuesto amor de mi vida, esa puta noche de invierno, justo un día antes de Navidad, fui a tocar el timbre de esa hija de puta con el corazón hecho un manojo de caca y sólo conseguí un escupitajo en la cara y una infección en el pito que regresa a mí cada 2 años. Todavía no sé por qué en aquel tiempo de profunda depresión y comezón en el pito, me daba por ir a casa de una tía a hacer Spinning. Todas las mañanas me levantaba a las 9 A.M. e iba directo a la bicicleta para hacer 20 minutos de esa mierda. Así estuve dos meses y medio y milagrosamente bajé 10 kilos, al menos aquella tontería me había dejado algo bueno. La vida tiene más o menos dos o tres momentos críticos, por lo general nunca se asocian con el amor, están más cerca del colesterol. Si no se es un imbécil, cualquiera puede sobrevivir al más duro e inesperado abandono amoroso, pero rara vez uno sobrevivirá a dos o más  arterias llenas de manteca, esa extraña lógica me llevó a pedalear esa modernísima bicicleta durante dos meses. El ejercicio me ayudó a sentir un poco menos miserable y supongo también que me llevó a conocer a Susana, la conocí un día que fui a comprar  gatorades al súper.

En ese momento comprendí que en la vida había que conformarse, aunque no tenía el culo estupendo de mi anterior pareja, tenía al menos, un par de tetas suaves en donde uno podía sumergir la cara y olvidarse de las facturas por pagar que se acumulaban debajo de la puerta. C on todas aquellas bondades, había algo en Susana que me molestaba tanto como si el tiro del pantalón me rozara los huevos a cada paso: Gómez, su hermano menor. Todavía no entiendo el por qué le decían Gómez en lugar de Rafael, supongo que por el mismo motivo por el que a mí me llaman Balmori y no José Ángel. Ya, el asunto es que Gómez era idiota, digamos que había llegado muy temprano a la repartición de cromosomas y yo tarde a la de talento literario. Estaba totalmente idiota, mongólico, era  como un perro san bernardo poniéndose en dos patas y metiéndose en un pantalón y una camisa. Deplorable. Recuerdo bien un día en que fui a visitar a Susana, ya no soportaba la comezón en el pito. Toqué a la puerta y me abrió el muy imbécil. Vaya impresión, lo primero que vi fue al muy hijo de puta, de verdad me ponía de malas verle por la casa de Susana sin hallar qué hacer, a veces se quedaba parado en un solo lugar, supongo que pensando o qué se yo, sólo se quedaba ahí, encorvado y derramando baba.

“Hola ¿está Susana?”, le dije sin apenas mirarle la cara. “Edstá mañandodse”, me contestó con el cuello torcido como si un perro le mordiera los huevos. “Bien, bien. Oye Gómez, necesito entrar al baño de urgencia.” “Edstá mañandodse.” “Ok, ok. Sólo será un momento, Gómez. ¡Necesito ir al baño!” “Edstá mañándodse.”

Eso faltaba, que un idiota me prohibiera entrar a rascarme el pito, así que me dirigí directo al baño, escuché la regadera, abrí la puerta y me bajé el cierre del pantalón  ¡dios, esa comezón!

“Hola Su, soy yo, he venido al baño a hacer pipí, ya no podía soportarlo”, dije mientras echaba un ojo debajo de la bragota.          “¿Qué?, ¿qué haces aquí? Mi hermano se va a dar cuenta de que estamos en el baño juntos y le va a decir a mis padres, salte.”          “Pero Su, tu puto hermano ni siquiera sabe  para qué le sirve el pito, ¡por Dios!”

Salí del baño molesto y me fui a tirar a la sala a ver televisión, la comezón era insoportable, en la tele pasaba una película en donde dos chicas estaban nadando desnudas en la playa, pensé que sería buena idea sacudírmela un rato, así me rascaría y también tendría algo divertido qué hacer. Me bajé el cierre, me saqué el pito y me la empecé a jalar con la esperanza de tener una erección decente en digamos siete minutos, iba por muy buen camino cuando me di cuenta de que a unos tres metros de mí, Gómez estaba parado observando, inmóvil, con la mirada fija en mí, babeando. mierda, en estos momentos quisiera estar muerto. traté de actuar  con naturalidad.

“Ah, Gómez…”, le dije muy tranquilo. “¿Qué hadfceds?”          “Uhhm… bueno, me estaba haciendo una chaqueta, es lo más normal del mundo, todo el mundo lo hace.”

Gómez me siguió mirando ahí parado, como si alguien hubiera secuestrado su cerebro, sólo abrió su horrenda boca para balbucear algo.

“Tjaquetda, tjaquetda…” “Ja ja, bueno sí, una chaqueta, mira es muy sencillo, nada más te agarras ahí en donde haces de la pipí, de la pis. Lo tomas con la mano, aprietas un poco y subes y bajas hasta que bueno… terminas”, dije esto y después me sentí como un total imbécil, me di tres sacudidas y pensé: ‘Suficiente, ya fueron suficientes estupideces por hoy.’ Me levanté de ahí y  fui directo al refrigerador por un Dr. Pepper.

Poco tiempo después mi suegro tuvo un ascenso laboral importante, unos miles de pesos más en el banco y ya, eso era motivo suficiente para hacer una íntima cena entre algunos familiares y amigos. El menú era imposiblemente vulgar: vino blanco, pollo en crema de nuez y alguna otra estupidez culinaria que ya ni recuerdo porque siempre que voy a una fiesta en donde pretendo ser elegante me siento como un completo idiota, todos sentados en la mesa escuchando uno de esos discos de música mexicana endulzados para turistas. Justo antes de comer, el padre de Su se levantó con copa en mano, haciendo esa ridiculez de golpearla con un tenedor para llamar la atención. Entonces empezó  SU DISCURSO:

“Estamos aquí reunidos para celebrar a la prosperidad, la salud y la buena fortuna. No hemos celebrado esta cena para mí, la hemos celebrado para ustedes,  PARA COMPARTIR MI ALEGRÍA con la gente que está cerca de mí y…”          “¡Tjaquetda, tjaquetda!”

Ya poco importó el discurso, porque esos dos remedos de palabras fueron lo que llamó la atención de todos los invitados, eso y la imagen de Gómez bajando las escaleras y embutido en un traje mal acomodado, con los pantalones abajo y sobándose el pito con las manos pegajosas, a juzgar por la cantidad de semen era como su tercera o cuarta chaqueta del día. Se le veía una cara de felicidad tremenda. Su se levantó llorando y corrió hacia la calle. Yo me levanté detrás de ella porque entonces aguantar la carcajada era insoportable. Me encontré con ella en la banqueta justo enfrente de la casa, nos sentamos en la banqueta, no dijimos nada por 3 minutos. Luego encendió un cigarro y se lo llevó a la boca,  exhaló.

“Deberías dejar de fumar, esa mierda y las chuletas de cerdo te joden el corazón”, no tenía mucho que decir en este caso. “Ojalá que este  cigarro-compañero me mate un poco más.” “Vaya, ¿de dónde has sacado esa pendejada?” “Creo que lo leí en algún lado, tal vez lo inventé yo.”          “Deberías escribir una puta telenovela.”

José Ángel Balmori

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