Isabelle

Isabelle
viviana kasses

… sí, vale, que Isabelle pertenece a una familia noble, es educada y se comporta como ha de comportarse una señorita de su categoría en cualquier acontecimiento social. Pero lo que pasó en aquella cena no tiene nombre, padre. Estuvo toda la noche intentando alcanzar con sus gruesos y grotescos dedos la bragueta de mis knickers. No le culpo, válgame Dios. Sólo digo que me sorprendió, no esperaba esa pérdida de papeles. Así que no me regañe por haber bautizado con sopa al pobre coronel Emsworth. Con lo bien que me cae… Ya sabe que soy un alma asustadiza e insegura. Perdóneme por todo aquel numerito que vino después de la tarta y de lo que le dije enloquecido a la Tata Gloria. Ni yo me lo creo todavía. Estoy tan avergonzado… Sólo espero que entienda mi situación. Isabelle siempre ha estado detrás de mí, desde que éramos pequeños. Solíamos jugar en el estanque y ella me tiraba tierra a los ojos, no a la cara, a los ojos. Era la manera de expresar su amor. Y mira por dónde, igual no es correspondida por esas pequeñas costumbres que tenía, no le descubro ahora al hijo tan rencoroso que ha criado…

El joven cambió de postura en la hamaca. El muslo de su pierna derecha ya lo tenía entumecido y ahora quería hacer lo propio con el izquierdo.

En fin, esta tarde he estado con Lionel. ¿Sabe de lo que me ha estado hablando? Del espectro visible. Estaba desquiciado, aseguraba que si los humanos respondiéramos a longitudes de onda de nueve nanómetros o algo así, la lujuria no sería tal y como hoy la concebimos, sino que nos convertiríamos en unos caníbales sexuales sedientos de huesos y cartílagos. Ha sido terrible. Ese muchacho cada día me preocupa más, está completamente perdido. Su pobre madre… bueno, cambiemos de tema. ¿Visitó al doctor como acordamos?

Del blog de Perico Romero

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