Germán Dehesa: la ferviente lucidez

Germán Dehesa: la ferviente lucidez

Mil cosas voy a deberle siempre a la palabra de Germán Dehesa. Hay un misterio en todo arte. En el suyo, además, la valiente promesa de quien contaba la vida, la temible y ardua vida diaria, exponiéndose con ironía, con la íntima convicción de que los detalles, las penas, los pequeños secretos, la esperanza de un ser humano dispuesto al riesgo de mostrarse sin tregua, sin tamiz, sin indulgencia, con humor, podían ayudar a otros, ayudarnos, a reconocer en nuestras diarias trifulcas, el valor de estar vivos.

La audacia de Germán era no perdonarse, no esconder, no negarnos en qué andaba su misterioso corazón. Y al hacerlo acompañarnos a buscar la verdad en lo nuestro.

Sin duda el fervor de su lucidez será una compañía siempre. La mirada con que fue capaz de volver trascendente lo pequeño, de pelear por la bondad de lo verdadero, por la belleza como un delirio al que tenemos derecho, son la herencia sin alardes que nos quiso dejar. Para tomarla estamos. Habrá que hacerse de un valor como el suyo. Y de un terca alegría, como la suya. Y de un voz original y bien amada, como la suya.

Angeles Mastreta

Adios Germán

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