Destruirse a si mismo

Destruirse a si mismo

No recuerdo en qué momento comencé a considerar mi vida como una enfermedad que ni siquiera la posibilidad del suicidio podría atenuar. Sin embargo, no me amargué por ello e intenté obtener de esa enfermedad un poco de conocimiento y placer. Cuando me preguntan a qué me dedico, respondo que a la lenta destrucción de mí mismo, quiero decir con esto que me encuentro de parte de la enfermedad, es decir de la vida, es decir de la nada. Durante esas noches largas en las que procuro beber hasta quedar tirado en el piso, queda siempre algo en la memoria (beber a medias me parece un desperdicio, un lujo que no puedo ofrecerme). Me gustaría tener una libreta para anotar un poco de lo que se dice en el delirio, pero no tengo paciencia y las veces que lo he intentado termino perdiendo las anotaciones. Miguel Calderón es la mejor broma que me ha jugado el diablo y su compañía es como una droga que me pone siempre en buen camino. A él también le gusta destruirse, me imagino porque el desasosiego se apodera de su ánimo, o la ansiedad, o simplemente lo hace a causa de un impulso que no puede controlar (a este respecto todas las explicaciones resultan inocentes, por no decir idiotas). Ambos tenemos también algo de solitarios pese a estar todo el tiempo rodeados de personas; casi todos los que nos rodean conforman una mala escenografía que nos dedicamos a cambiar cada vez que podemos. Ahora bien, Oscar Wilde se daba cuenta de que estaba equivocado cuando una persona se mostraba de acuerdo con él. No tiene gracia estar de acuerdo con nadie en cuestiones de arte, placer o conocimiento, en todo caso es preferible llevar la contra, entrar por la puerta donde no existen verdades y mostrar que todo podría haber sido justo de otra manera. En resumen: habitamos una equivocación que cada día se complica más, pero al menos para mí eso tiene un sentido. De pronto he visto a Miguel sacar de la bolsa de su pantalón una libreta marca Ideal para escribir una frase o hacer un garabato. La libreta está tan maltratada que parece sacada de la garganta de un perro. La frase que nos parece genial cuando estamos ebrios a las cuatro de la mañana puede amanecer muerta al día siguiente, pero nos arriesgamos. Me imagino que la escritura nocturna consiste en eso, en ser efímera y en suicidarse antes de volverse una verdad moral o una oración memorable. Sin embargo, es posible que en ese afán por la destrucción se encuentre de pronto un veneno verdadero, y entonces las cosas se vuelvan menos estúpidas. En algunas notas de Fernando Pessoa encontradas después de su muerte puede leerse esto: \\\\\\\\\\\\\\”Desde que existe inteligencia toda vida es imposible.\\\\\\\\\\\\\\” Me imagino que para el escritor portugués, como para otros artistas, la inteligencia es un obstáculo para el encuentro con la vida primitiva o esencial, pero no es así: la vida más emocionante (al menos la única que me interesa) es aquella donde la inteligencia comienza una lucha contra sí misma, una batalla que se encuentra perdida de antemano. Yo creo que Miguel estará más o menos de acuerdo conmigo, aunque nunca se sabe. Se queja de que quiero convertirlo en un intelectual, aunque hace siempre lo que le viene en gana. De entre los artistas que conozco es uno de los pocos que lee buenos libros, hecho que lo vuelve aún más malicioso, o más perspicaz si se quiere. Hay que estar alerta todo el tiempo y nunca a beber a medias.

Guillermo Fadanelli

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