Ciudad de vanguardia: la burla

Ciudad de vanguardia: la burla

La primera vez que escuché el eslogan no pude evitar reírme: “Ciudad de vanguardia”. Sí: me reí mucho. Pero luego me sentí frustrado, burlado: con razón el Distrito Federal está como está, pensé. Y es que no puede ser que el señor Ebrard tenga el cinismo de venir a decirnos que la Ciudad de México es de vanguardia.

No puede ser porque, en las ciudades de vanguardia, no ocurre que las patrullas colecten dinero de los franeleros para no quitarlos de las calles. De hecho, en dichas ciudades no hay franeleros.

Tampoco ocurre que, en un solo crucero vial, se cometan decenas de infracciones y faltas por minuto y nadie, absolutamente nadie, aplique la ley. Doy un ejemplo: párese usted, amigo lector, en el cruce de Eje 5 sur e Insurgentes y mire a su alrededor. Verá automovilistas quebrantando el reglamento vial de todas las formas posibles, gente tirando basura en la calle, puestos ambulantes con todo y anafre, venta de cigarrillos sueltos, etcétera. Todo eso está penalizado por las leyes de la ciudad. Sin embargo, los policías que andan por ahí no hacen sino hablar por teléfono, platicar entre ellos y coquetear con la del puesto ambulante.

De la misma forma, en las ciudades de vanguardia no sucede que los policías pidan dinero a las víctimas de algún delito para ir a detener a los responsables del mismo, como suele ocurrir en la Ciudad de México. Mucho menos que, cada vez que llueve, hay “encharcamientos” que entorpecen la vida del DF. Tampoco ocurre que hay habitantes de la urbe que no cuenten con agua potable. Igualmente, en las ciudades de vanguardia los microbuses no son asaltados frecuentemente, pues, de entrada, no hay microbuses sino autobuses, metro y trenes suburbanos, que son mucho más eficientes y, ellos sí, más vanguardistas, que los microbuses.

En las ciudades de vanguardia tampoco ocurre que el alcalde apadrine a señoritas que cumplen 15 años. Mucho menos que la Ciudad pague la fiesta de dichas señoritas. Por supuesto, en las ciudades de vanguardia no se permite que las calles sean bloqueadas y violentadas, como sí ocurre en el Distrito Federal. Finalmente, en las ciudades de vanguardia, el alcalde o jefe de Gobierno presenta su renuncia cuando no puede con sus tareas. De hecho, en una ciudad de vanguardia jamás hubiera ocurrido que el alcalde se comprometiera abiertamente a que, si no podía con su trabajo, renunciaría, como lo hizo Ebrard ante Alejandro Martí y el país entero, para luego no renunciar cuando es evidente que no puede.

¿Ciudad de vanguardia, el DF? No: una burla, un insulto, del señor Marcelo Ebrard y nada más. Pero no seamos injustos: no sólo Ebrard se burla de nosotros. De hecho, entre “la Ciudad de Vanguardia” de Ebrard, el “Estado eficaz” de Peña Nieto, el “Proyecto Alternativo” de López Obrador y el “Vivir Mejor” del gobierno federal, los mexicanos estamos atrapados por una clase política cortita de visión, egoísta. Y así no se puede. Sí, aunque nosotros los ciudadanos trabajemos duro, seamos honestos, exijamos a la autoridad y cumplamos con nuestras obligaciones, no se puede: ¡basta, pues, de burlas, señor Ebrard y demás políticos! ¡Ya basta!

Armando Román Zozaya/exonline

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