Boca con chicle

Boca con chicle

A pesar de las pesimistas predicciones que circulan al respecto, yo no creo que Internet vaya a destruir las relaciones reales en beneficio de recrear una sociedad virtual en la que sólo prive lo intangible. Muchos jóvenes no conciben otra manera de relacionarse que no sea ese modelo casi irreal que se ha ido imponiendo de manera en apariencia implacable. La asociación de Internet con la telefonía móvil ha facilitado el creciente ensimismamiento de los jóvenes, que reniegan de lo cercano en beneficio de la aventura casi cósmica de contactar con personas desconocidas que nunca se sabe muy bien desde dónde operan, ni qué fines persiguen. ¿Comporta riesgos esa manera de actuar? Muchos. ¿Supone al mismo tiempo tentaciones nuevas que agiten la vida interior de los comunicantes hasta desentumecerla? Sin duda. Conozco el caso de una muchacha que sale con un chico y apura sus encuentros porque prefiere regresar a casa cuanto antes y chatear con él. Nunca me he atrevido a preguntarle por qué hace eso, pero supongo que se trata de una reacción contra la vulgaridad de lo real. Facebook y las redes sociales se han convertido en cierto modo en el refugio al que la gente recurre para evadirse de las inclemencias de la vida corriente. Los niveles de franqueza que se registran en la Red son muy superiores a los de la vida corriente, entre otras razones, porque en Internet no hay miradas y uno no puede descubrir la lividez o el rubor en el rostro del otro. Dentro de no muchos años su vida cotidiana dirá de los seres humanos menos de lo que diga su vida virtual. ¿Significa eso que se habrán esfumado las relaciones tradicionales en la calle, en el bar, en la oficina del banco? No lo creo. Hay algo que muchos han desestimado por considerarlo una antigualla y que al final nos devolverá a la calle de la que un día nos retiró Internet: los instintos. Es comprensible que caigamos en la seducción de lo desconocido, de lo intangible, pero, ¡qué demonios!, incluso la fértil y arrolladora imaginación erótica desatada en nosotros por la fluorescente lujuria de Internet está incompleta si camino de realizar nuestros sueños caemos en la cuenta de que todavía resulta hermoso, apasionante y tentador tener algo con una mujer que haga renacer en ti el interés por encontrarte de madrugada con ella después de haber pasado silbando por la farmacia de guardia. Y eso será siempre así porque tu silenciosa imaginación necesita que de vez en cuando la redondees con el ruido del catre. Pueda que consigas sentir el corazón de una mujer latiendo por ti en Internet, pero es dudoso que despiertes por la mañana con su chicle en tu boca.

José Luis Alvite/larazon.es

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