Si no fuera por los chicos de la Roja

Alberto Peláez

Si no fuera por los chicos de la Roja

Llevo ya varios artículos escribiendo sobre el mismo tema, pero prefiero no cansarme para que no quede en la memoria del olvido. También es verdad que querría que lo que escribo no pasara. No es que sea un ser nigromante, ni superchero, ni adivino ni todo al mismo tiempo. Se trata de hechos irrefutables que hacen de la situación económica española el mayor problema que hemos tenido en los últimos tiempos. Es un problema español pero que repercute en toda Europa. De momento y quien sabe, si surque el charco con fuerza en un espacio corto de tiempo.

Con un déficit universal y un desempleo que no para de crecer; con un motor inmobiliario que se rompió y no tiene arreglo; con una deflación camuflada por la subida de impuestos; con un IVA al que han subido dos puntos; con unos empresarios que se ven abocados a seguir despidiendo a los trabajadores; con una sociedad que tiene que estallar porque le han bajado o congelados los salarios, España es un polvorín perfecto que puede estallar. Es un coctel molotov que puede estallar y puede hacer que estalle el resto y ese, sería un problema de verdad.

Europa no quiere ni oír ni hablar de los famosos PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) son los hacedores principales —pero no los únicos— de que la situación en la vieja Europa roce el abismo. Si los próceres europeos pudieran expulsarles del euro, no lo dudarían, incluso con las rémoras que todo ello acarrearía. Una Italia “salvada” da cierto respiro a Europa. Portugal y Grecia están en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital europeo, pero bien atendidos tampoco suponen un grave problema. Pero no es el caso de España, desdibujada, sin norte y a punto de caer.

España representa la cuarta economía de Europa y la novena del mundo. Su PIB genera el 10% al viejo continente. Una caída de la economía española supondría el auténtico tendón de Aquiles de Europa.

Los famosos setecientos cincuenta mil millones de euros, ochocientos mil millones de dólares que aportó en forma de fondo la Unión Europea para rescatar a países caídos en desgracia no eran para Portugal o Grecia. No. Esa masa ingente de emolumentos eran para España que se cae un poco más todos los días de una manera irrefutable.

La península ibérica va de mal en peor y el presidente Rodríguez Zapatero no da una en el clavo. Durante seis años, ha vivido en el espejismo de la abundancia cuando, en realidad la economía española estaba apoyada sobre unos frágiles zancos que se podían caer en cualquier momento. Con la explosión de la depresión mundial y aunado a la crisis de la burbuja inmobiliaria de España, la economía se deshizo en millones de pedazos, tanto que hoy, no hay nadie que pueda recomponer un rompecabezas completamente deshecho.

No nos recuperamos. Los empresarios están con su mirada puesta en otros países —México es uno de los preferentes— para poder hacer negocio. En España vivimos un momento como el vivido en las postrimerías del siglo XIX allá por 1898 cuando Cuba y Filipinas se independizaron y la sociedad entera cayó en una depresión económico-social del que tardamos muchos años en salir. Menos mal que los chicos de la Roja, nos han dado por lo menos una alegría.

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