Nunca estamos preparados

Nunca estamos preparados

Sergio Aguirre Anguiano, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, señaló que “la sociedad mexicana estigmatiza a los homosexuales y, por lo tanto, no está preparada para aceptar la adopción por parte de parejas del mismo sexo”, El Universal. 10.VIII. Los estigmatizados deben pagar su estigma perdiendo los derechos que la Constitución estipula para el resto no estigmatizado. Tal calibre de idiocia pone de mal humor al responder:

La jurisprudencia del ministro Aguirre dicta que ningún grupo estigmatizado podrán adoptar niños ni tener otros derechos legales, hasta que la sociedad esté preparada: o sea ¿ves?, cuando levante el estigma. ¿Y cuándo va a estar preparada? ¿Quién mide la preparación de la sociedad? Es una respuesta aberrante. Y la misma que se ha esgrimido contra todos los derechos ciudadanos cuando se busca anularlos: México no está preparado para la democracia… por eso el PRI debe corregir elecciones en las que el pueblo se equivoca: el famoso fraude patriótico. Los ciudadanos no están preparados para conducir sus propias elecciones… por eso las debe organizar la Secretaría de Gobernación. Los ciudadanos no saben contar votos: uno, dos, tres… por eso los partidos perdedores exigen recuento en otras instancias.

Durante 130 años, las mujeres no estuvieron preparadas para la democracia, por eso no se les concedía el voto. De hacerlo, los curas las mandarían a votar por la derecha. Fue la respuesta: son beatas y burras.

Los indios no están preparados para la democracia, por eso debemos respetarles sus usos y costumbres: asambleas donde se vota a mano alzada (a la vista del cacique) y a las que no entran mujeres porque, ya lo explicaron alguna vez, el marido lleva a la asamblea el voto de su mujer… con su nieve de limón.

Artículo 1 de la Constitución: “… Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra…”. Que la sintaxis sea de niño en las primarias de Elba Esther no lo hace menos válido. La alusión a las capacidades diferentes (volar, leer pensamiento, ver con rayos X, adivinar el futuro), no la entiendo. Pero me está claro que la preferencia no se refiere al término del filete, sino al sexo que no se atreven a mencionar.

Estamos, pues, en un hoyo negro legal: una persona, sola, puede adoptar; pero no una pareja si son del mismo sexo. Es que, dijo algún otro genio del Derecho, en la escuela les harán burla. Los niños son polimorfos perversos, crueles y malos por naturaleza, eso los lleva a hacer blanco de sus pullas despiadadas a los gordos, bizcos, feos, orejones, greñudos, flacos; a los hijos de puta, a los más prietos que el término medio regional, a los estudiosos, a los que usan lentes, a los que no se visten a la moda. La solución no es expulsar de la escuela al gordo y al feo, sino ponerles unos putos reglazos a los burlones. A ninguno de los niños de antes nos pasó nada por eso, siempre y cuando sea con mesura.

Y el mismo Artículo 1 se debe esgrimir para el derecho a casarse, a cuidar la salud de la pareja, a darle Seguro Social y derecho de herencia. Pero los mismos que siguen al Dios que envió a su Hijo para que lo martirizaran (y así salvar a la Humanidad no sé de qué) suponen que los niños están mejor en un hospicio que en casa de una pareja homosexual que se tomó el trabajo de seguir trámites engorrosos. Conozco a muchos gays, amigos y no, que se casaron y tuvieron hijos por obligación social. De ninguno he oído que se comporte como el Legionario de Cristo Marcial Maciel.

A nadie ofende que dos hombres se golpeen, a veces a muerte, y se paga por ver, las televisoras compran la pelea, los anunciantes invierten millones. Pero que se besen resulta escandaloso. Una hermosa lápida mortuoria de un combatiente caído en la guerra de Vietnam dice: “Me dieron una medalla por matar a dos hombres, me dieron de baja por amar a uno.”

NIÑOS BERRINCHUDOS. Se reunió el Presidente con todos los gobernadores para afinar el combate a la delincuencia. Todos, incluido Marcelo Ebrard, del DF. Cuando se trató de dar la mano a Calderón, a Ebrard le entraron urgencias por mear. Lo dicho: nos gobiernan niños berrinchudos y caciques estatales menos interesados en atacar la delincuencia desbordada, que en escurrirle el bulto.

Mi novela con la Revolución mal librada: OLGA, (Planeta, 2010).

Luis Gonzalez de Alba/mileniodiario

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