Nuestra evolución continúa

Nuestra evolución continúa

La evolución humana no es un proceso que ocurrió hace largo tiempo y dio como resultado el Homo sapiens. Continúa, sin solución de continuidad, hasta nuestros días por las vías de la recombinación genética y la mutación al azar. Algunas diferencias entre grupos humanos han surgido en tiempos tan recientes como hace 4 mil años. Y otras están ocurriendo en este preciso momento. El medio luego actúa sobre esas diferencias y selecciona las que, para cada “aquí y ahora” resultan benéficas: la gran tesis planteada por Darwin en 1859.

Estaba Rasmus Nielsen analizando la frecuencia de diversas mutaciones en los genomas de tibetanos que viven a gran altura, buscaba qué adaptaciones les permiten sobrevivir en ese aire ligero que a otros nos produciría un inmediato “mal de montaña”, cuando su equipo encontró un par de mutaciones muy frecuentes en casi todos los tibetanos de tierras altas, pero ausentes en sus más cercanos parientes: los chinos Han. “La alta frecuencia de las mutaciones, mostraba que era un ejemplo radical de evolución rápida, con una fuerte selección natural ejercida sobre un único gen: nunca habíamos visto un resultado tan claro”, dice Nielsen, investigador de la Universidad de California en Berkeley.

Luego, continúa la nota firmada por Ann Gibbons, escritora de planta en Science (chin… ya me descubrieron), “Nielsen gugleó el gen para encontrar su función”. Maravillas del siglo XXI: un investigador emplea el buscador más popular, Google, donde otros hallamos la letra de No sé tú, para enterarse de la función de un solo gen. Ambas mutaciones tibetanas estaban en el gen EPAS1, gen que regula en los humanos la respuesta al oxígeno. Una de las dos mutaciones “era tan ventajosa que se había dispersado en el 90 por ciento de los tibetanos en sólo 4 mil años”, reporta el equipo. En cambio, menos del 10 por ciento de los chinos Han, que viven al nivel del mar, poseía esa versión modificada del gen. “El equipo había descubierto el más rápido y poderoso ejemplo de selección conocido en humanos modernos”. Al proceso se le conoce como “selección positiva”.

Hasta donde sé, el más amplio proyecto de levantar el mapa genético de la humanidad, con todas las ramas derivadas desde que hace unos 80 mil años salimos todos de África, es el conducido por National Geographic e IBM, llamado Genographic Project: diversos equipos han recorrido el planeta pidiendo a tribus de cazadores-recolectores y a doctores en astronomía que les permitan raspar con un cepillito el interior de la mejilla para obtener ADN. Así tenemos ya las líneas seguidas por la humanidad al poblar el planeta entero.

Para descubrir esas vías de salida se han analizado las diversas mutaciones presentadas en los grupos y luego dispersadas en una población. La piel se aclaró en regiones de poca luz solar. El método fue tan feroz como todo en la naturaleza: la luz solar, la vitamina D y el calcio tienen una interacción compleja. La falta de sol produce raquitismo. Los bebés más oscuritos se morían, los que por mutación azarosa nacían con piel algo más clara, mejoraban sus posibilidades de sobrevivencia en regiones de poco sol, las empeoraban en regiones de mucho sol. Así de sencillo y cruel.

Las formas de la nariz también se adaptaron a la necesidad de calentar más el aire y otros rasgos responden a otras necesidades.

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http://shop.nationalgeographic.com/ngs/category/genographic-kits?navActi…

Los seres humanos vivos hoy día somos notablemente similares en nuestro genoma porque todos, desde Finlandia a los desiertos de Australia, descendemos de una muy pequeña población que surgió en el este de África hace unos 200 mil años, por donde están ahora Kenya y Etiopía. Comenzaron a dispersarse hace tan solo 80 mil años: unos pasaron el Mar Rojo (de agua escasa porque estaba retenida en los hielos que cubrían media Europa y Norteamérica), otros subieron a la largo del Nilo, otros más se extendieron hacia el sur y oeste de África.

Si la astronomía nos abruma con nuestra pequeñez en el universo, la evolución hace otro tanto con nuestra breve presencia en el planeta. Nuestros 200 mil años de existencia y 80 mil de dispersión no son nada para los 200 millones de años que vivieron los dinosaurios.

Nuestra evolución continúa y la de los tibetanos para mejor empleo del oxígeno es la más reciente hasta ahora conocida. Los genomas completos de mil personas de diversas poblaciones estarán disponibles en línea para diciembre próximo.

Nota en: www.sciencemag.org/cgi/content/full/329/5987/75

Noticia a los interesados

Acabo de revisar pruebas de mi libro de historia de la física cuántica, el que se llamó El burro de Sancho y el gato de Schrödinger en Paidós. Lo reedita Cal y Arena con título más sensato: Maravillas y misterios de la física cuántica. Fines de septiembre.

Mi novela con la Revolución mal librada: OLGA, (Planeta, 2010).


Mi página web: www.luisgonzalezdealba.com

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