Moscú, China, Pakistán… ¿Se está manipulando el clima?

Moscú, China, Pakistán... ¿Se está manipulando el clima?

En los últimos años, la explicación más recurrente para dar cuenta de los desastres ambientales a los que estamos asistiendo es la del “cambio climático”; una expresión demasiado nice, sin embargo, cuando de lo que se trata es de darle nombre al estado catastrófico en que el ser humano está dejando al planeta.

Desde hace tres semanas, la catástrofe se llama río Irtysh, en la ciudad siberiana de Omsk, donde el verano está calcinando casi a una población acostumbrada por estas fechas a los +20 grados centígrados —y en invierno a -20°C—, pero jamás a los actualmente registrados +40°C.

La canícula rusa está haciendo al país con cerca de 500 incendios simultáneos sobre 65 mil hectáreas, que han obligado al desplazamiento de unas 240 mil personas, además de al menos 700 rusos muertos por las altas temperaturas y/o enfermedades derivadas de la exposición al dióxido de carbono liberado por los incendios, que incluso han trastocado la vida diaria en Moscú.

Sobre esto, el sociólogo y académico español experto en geopolítica, Juan Agulló, se refiere en su columna dominical “Mundanal ruido” (“Armar al clima”, MILENIO, Fin de Semana online, 8 de agosto) a las “teorías de la conspiración” que están ganando terreno en los análisis de la academia y de los centros de poder, sobre los “experimentos” con el clima que estaría realizando el HAARP, un programa semi secreto de la Marina de Estados Unidos creado en 1990 como otra forma de control y de influencia geopolítica.

Menciona al respecto la oleada de lluvias torrenciales que se desató la semana pasada en Afganistán, Pakistán y el interior de China, con terribles inundaciones, dejando al menos a veinte millones de personas damnificadas. “Ahora, en Rusia, vuelve a evocarse el fantasma de las armas climáticas a las que, curiosamente, ningún informe sobre el cambio climático suele referirse”, dice Agulló. Añade que —como en el caso de las brujas—, “de que estas armas existen, existen”. Y recuerda que a partir de la guerra fría (1945-1990) entre Washington y Moscú, varios países —Rusia incluida— “han experimentado con ellas, particularmente vía alteraciones electrónicas en la ionosfera. Aunque también se apunta al subsuelo”.

Irene Selser/mileniodiario

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