Mi querido cardenal

Mi querido cardenal
Homofobia by Boligan

¿Será que todos los católicos son cuadrados, hipócritas y discriminadores? Lo que está pasando con el cardenal Juan Sandoval Íñiguez es alarmante, como para que el Vaticano lo mande llamar de inmediato.

¿Por qué? Porque las afirmaciones que este personaje se ha atrevido a hacer en los últimos días manchan a toda la Iglesia católica y porque ocultan una jugarreta política de lo más sucia y barata.

Mire, usted, su familia o yo podemos tener la opinión que queramos de cualquier cosa, pero son opiniones personales, posturas que se quedan en casa.

Cuando uno representa a una empresa, a una universidad, a un medio, a un partido político, a un gobierno o a una religión, la cosa cambia.

Y no, no es porque se esté mintiendo, es porque no es lo mismo la persona que el personaje; es porque uno se convierte en vocero de terceras instancias, de intereses colectivos, de situaciones superiores.

Un jerarca de cualquier iglesia, la que sea, no se puede expresar de ninguna minoría como lo ha estado haciendo don Juan.

Sus palabras han estado cargadas de odio y de ignorancia, sus afirmaciones han carecido de la más elemental solidez científica y legal y, lo peor de todo, partiendo de los más recientes escándalos que ha protagonizado la Iglesia católica, son patéticos.

¿Con qué cara una iglesia que se está desmoronando por el comportamiento sexual de sus sacerdotes se atreve a condenar la orientación sexual de un sector de la sociedad?

¿Con qué credibilidad una iglesia que acaba de pedir disculpas por los innumerables casos de pederastia, corrupción y depravación de sus representantes, se mete en estos temas? Es absurdo, es ridículo, es cómico.

Si la Iglesia católica tuviera dignidad, se quedaría callada ante todo lo que está pasando en México alrededor de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Pero no, gracias a elementos como Juan Sandoval Íñiguez está volviendo a hacer el ridículo como si entre sus filas no hubiera gente valiosa, abierta y preparada.

El cardenal no le está haciendo ningún daño ni a la Suprema Corte de Justicia de la Nación ni a la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero, le está haciendo un daño a su gente.

Mi querido cardenal

¿Con qué orgullo puede alguien decir que es católico si se tiene como líder a una persona como ésa, grosera, conflictiva y capaz de atentar contra los más elementales derechos humanos?

Por culpa de cabezas como el señor Sandoval Íñiguez, cuando uno piensa en un católico, no piensa en un intelectual, en una mujer de ciencia o en un artista visionario.

Piensa en gente vieja, rígida, anticuada y retorcida, en mujeres reprimidas, mojigatas, frustradas e infelices, en fantásticos ignorantes, pobres y con bajo nivel educativo; en abuso sexual, en poder, en represión.

Y con la pena hasta para el mismo cardenal, pero en México y el mundo también hay grandes católicos, hombres admirables, inteligentes y exitosos; mujeres cultas, audaces y felices; personas preparadas, ricas y entrañables.

El problema es que como autoridades como el cardenal son las que las representan, ya se fregaron. Y partiendo de que México está considerado como un país católico, pues ya nos fregamos todos.

¿Sí se da cuenta del perjuicio que curas como Sandoval Íñiguez le hacen a este país?

¿Y por qué nadie hace nada? ¿Por qué la Secretaría de Gobernación, que es la encargada de estos conflictos, no interviene?

Sí, don Juan es católico. ¿A poco hubiera pasado lo mismo si esas declaraciones hubieran salido de la boca del líder de algún otro culto?

Vivimos en un Estado laico y Juan Sandoval Íñiguez lo está violentando, y si nuestras autoridades lo están permitiendo, entonces esto se pone todavía peor.

Tenemos un gobierno que no sólo no puede en su lucha contra el crimen organizado, sino que soslaya lo que dicen los jerarcas de un culto religioso. ¿Así o más preocupante?

Aquí lo que menos importan son las adopciones y los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Atrás de este evento hay un juego político y sacerdote que se mete en temas políticos, sacerdote que debe ser sancionado.

¿A usted no se le hace demasiada casualidad, por ejemplo, que el único personaje que ha despertado la ira legal de Marcelo Ebrard sea éste y que todo esto esté sucediendo justo ahora? A mí, no. Definitivamente no.

Alvaro Cueva/mileniodiario

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