Mexicanos: de héroes, a caníbales

Mexicanos: de héroes, a caníbales

Una ola de violencia se desató en la frontera norte hace poco más de 170 años, cuando estaba fresquita la guerra México-Estados Unidos.

Dependiendo de quién cuente la historia, la violencia se ensañó contra los de origen mexicano, o la violencia provino de éstos. Si que venía de los mexicanos, éstos eran bandidos y robavacas, de raza sin remedio o “malos mexicanos” burladores de la ley y el orden. Si que perpetrada por los anglos, esos “hombres viles” “en cónclaves secretos” tramaban cómo despojar a los mexicanos de sus tierras o propiedades. Por ejemplo, durante los años 50 de ese siglo, grupos de hombres armados en Texas “se agruparon con el único propósito de cazar a mexicanos en la carretera, despojándolos de sus propiedades, y asesinándolos”.

Sea cual fuere la versión, la violencia fue indudable: robos y asesinatos, usurpamientos de propiedades de los mexicanos y actos atrabiliarios y racismo de los gringos. Y está la saña. De los 597 mexicanos que fueron linchados entre 1848 y 1928, en EU, un ejemplo: en julio de 1851, Josefa Segovia, en prisión acusada de asesinar a Frederik Canon (el hombre había irrumpido borracho en su casa e intentado violarla), fue extraída de la cárcel por la turba enfurecida, y ahorcada.

Las violencias de los americanos eran estrategias para amedrentar a los nuestros, con el claro objetivo de que perdieran todo derecho y propiedad. Las que perpetraban los mexicanos podrían ser hurtos o robos (o recuperación de lo arrebatado por la mala), pero los corridos se encargaron de llenar sus hazañas de un aliento legendario, convirtiéndolos en héroes populares.

Era una batalla campal por los privilegios y los derechos. Traía cola: antes los indios “bárbaros” habían sido despojados con títulos emitidos por la Colonia Española. Los indios también respondían con ataques de vez en vez, a gringos y mexicanos.

A María José Cavazos le tocaron embates de los dos frentes, los americanos y los indios. Era mexicana por nacimiento, había adquirido la nacionalidad americana porque la mayor parte de sus tierras y su rancho quedaron de aquel lado. Sufrió el despojo de manos de un “honorable” neoyorkino, el señor Charles Stillman. Stillman era, digamos, muy emprendedor. Se inventó un negociazo: apropiarse de unas tierras de la Cavazos, situadas en donde se levantaba la ciudad de Brownsville, y mercar los terrenos. Se las agandayó con títulos de propiedad “patito”, y cuando un juzgado decretó que había que pagarle algo a la señora Cavazos, y se le firmó un pagaré oficial, Stillman enfundó en su bolsa la cantidad asignada. Después, Stillman le pagó, no dos, sino un peso (literal) por sus tierras. No me cabe duda de que habrá quien cuente distinto esta historia, como los jueces de las Suprema Corte americana que, años después, en 1879, declararon a Stillman legítimo poseedor de los terrenos.

También le tocó a la Cavazos el embates de los indios -a quien los ancestros Cavazos, con títulos dizque legítimos, habían arrebatado sus tierras-. En 1858, los indios Karankawa atacaron su rancho, y murió uno de los hijos de la Cavazos. Los indios lo pagaron caro: un comando de vaqueros armados hasta los dientes, al mando de un sobrino de la Cavazos, los barrió, no dejando ninguno vivo.

Traigo a cuento a María José Cavazos por la coincidencia del apellido con el Alcalde de Santiago en Nuevo León, Edelmiro Cavazos, ejecutado en medio de una ola de violencia que, como la de aquel tiempo, traspone nuestras fronteras, y que también tiene que ver con avaricias que no son de factura nacional exclusiva. Pero el principal frente de batalla no es ahora entre anglos, indios y los nuestros, sino entre mexicanos y mexicanos, llámense Zetas, La Familia, La Compañía o etcétera. ¿Qué traza las fronteras ardientes de los varios frentes? Es mero canibalismo. Una violencia con saña que no es, evidentemente, por la defensa de los derechos civiles o el bien colectivo, y que nos lleva entre los pies a todos.

Carmen Boullosa/eluniversal

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