La fórmula del tacón

Una buena relación es aquella en la que se mantienen la libertad y el respeto por el otro.

La fórmula del tacón
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Anna Bolena Meléndez/exonline

He decidido encontrar la fórmula del amor, me niego a creer que no es más que lo que conocemos, esa mezcla entre ser lo que somos y lo que el otro quiere que seamos, la conjunción de un montón de verdades a medias y mentiras que sabemos que están en la mesa, pero nos hacemos los idiotas.

Recuerdo que cuando era muy pequeña, mis padres me dijeron que la fórmula del amor es la buena comunicación, que la fórmula de cualquier relación humana es la honestidad, la aceptación y la verdad desnuda. Conforme vamos madurando nos damos cuenta que aceptar y que nos acepten tal y como somos es prácticamente imposible; pretender es la fórmula del amor que conocemos.

Parejas que se prohíben cosas, amistades, situaciones; hombres machistas que no permiten que su chica salga con amigos, incluso he conocido parejas que hasta el código de vestir se controlan, las palabras y hasta los pensamientos… o por lo menos eso quisieran.

Debo decir y agradecer a la vida que me he topado con hombres muy abiertos en cuanto al amor se refiere y me han dejado excelentes enseñanzas que, a mi manera de ver las cosas, me acercan a responderme la pregunta que tanto me he formulado: ¿Cómo ser feliz realmente con alguien sin sacrificar quien soy?

El amor como lo conocemos está lleno de celos, de amarres, de obligaciones, tantas que muchas veces estamos exhaustos en relaciones que cuando acaban pareciera que nos quitaran un peso de encima y es entonces cuando hacemos los juramentos básicos postragedia: “no vuelvo a entregarme de esa manera”, “no me vuelvo a enamorar”.

Estoy casi segura que mis padres tenían razón: el amor es buena comunicación, pero también estoy segura que tenemos errada la idea de buena comunicación, creemos que es decir lo que el otro quiere oír, más allá de decir lo que es, como es, aunque la verdad duela. Olvidarnos de colocar una máscara cada mañana cuando nos levantamos y ponerla en la mesa de noche cuando nos vamos a dormir, mostrar nuestra cara tal cual es y esperar a que llegue el amor verdadero, ése que acepta realmente a la persona con sus situaciones y sus circunstancias, ahorrándonos los desengaños y desencantos y los “es que no sabía”. Aceptar a alguien tal cual es, con sus fantasías, sus debilidades, sus deseos carnales y espirituales nos hace amar realmente, amar sin esperar cosas que no deberíamos esperar y respetarnos la vida para vivirla libremente. ¿Cómo aceptar pasar el resto de la vida, crear una familia y dormir diariamente con alguien que no conocemos realmente sólo porque es más cómodo pensar que esa persona es como nosotros creemos que es?

Hoy en día estoy en la relación más libre que he tenido, y esta libertad me ha enseñado un par de cosas que definitivamente aplicaré el resto de mi vida; con la libertad viene la responsabilidad que el amor representa, dejar de confundir los términos fidelidad con lealtad y posesión con relación. El verdadero amor deja ser y es, sin ocultar, sin mentir ni subestimar la capacidad de amar del otro, tener la verdad en las manos nos permite escoger y respetarnos, apreciar la capacidad y el valor de ser honestos y transparentes, de tener una relación auténtica, sin tantas promesas y más acciones que nos lleven a poder caminar de la mano cada quien por su camino sin meterle piedritas al otro.

La vida es una recopilación de momentos, algunos felices, algunos tristes, sin embargo, siempre hay que intentar vivirla al máximo pues, cuando se acaba, no hay vuelta atrás, no hay segundas oportunidades ni arrepentimientos. Enamorarnos no puede significar “la pérdida de la libertad”, debe significar encontrar a alguien para compartir esa libertad, para que sea parte de nuestras fantasías, de nuestras debilidades y fortalezas, de nuestros deseos más recónditos y nuestros demonios más siniestros.

La fórmula del amor, estoy casi segura, es sacudirnos de tanta mojigatería, machismo, feminismo y prohibiciones. La fórmula del amor debe ser más sencilla de lo que creemos y que nos hemos complicado con estatutos preestablecidos por nosotros. La fórmula del amor tiene que ser dejarnos vivir, sentir y experimentar una vida llena de bemoles entre personas que deciden formar un núcleo tan auténtico como deseen. Porque en un mundo en el que evolucionamos constantemente, en el que todo avanza, no podemos dejar atrás lo que nos inyecta las fuerzas para vivir: el amor.

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