La conversión del agonizante


La conversión del agonizante

En el artículo donde habla de su cáncer y en las entrevistas recientes que ha dado, Christopher Hitchens adelanta que la enfermedad no lo hará renegar de su ateísmo. Si acaso llegara a implorar a Dios, ya no sería yo quien lo haría, sino otro. Esa voz vendría de un cuerpo torturado y un cerebro consumido por la enfermedad. Damon Linker comenta esta postura en una nota publicada por el New Republic donde recuerda un pasaje de Primo Levi. Entré a Auschwitz ateo y salí de Auswitz ateo. De hecho, la experiencia confirmó mi dea de que la justicia trascendente no existe. Levi sintió la tentación de creer pero lo pareció indigno. Si sobrevivía, me habría sentido avergonzado de mi debilidad.

Linker advierte en estas dos tenacidades una idea común: la convicción de que uno puede acercarse a la verdad sólo cuando está en calma, cuando disfruta de la salud, cuando razona desapasionadamente. El hombre de fe, por el contrario, piensa que el sufrimiento puede acercarnos a verdades profundas, ésas que la comodidad oculta.

El blog de Jesus Silva Herzog

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