Jugar de memoria

Jugar de memoria

Ha existido la costumbre de ponderar el fútbol de un equipo al afirmar que juega de memoria. Manifestarse así es posible cuando cada futbolista intuye al compañero, cuando adivina su reacción y el modo en que seguirá la jugada. La memoria no es mecanizar los movimientos, sino tener en la cabeza los códigos de actuación de quien está delante, al lado o detrás. El Barcelona es el equipo que mejor juega de memoria. Sus componentes tienen en la cabeza la repentización que se supone al compañero.
Para que un conjunto se manifieste como lo hace el Barça es necesario que existan puntos de apoyo en los que basar el juego. En este caso se trata de constatar que en el centro del campo existe un prodigioso futbolista llamado Xavi, quien adivina lo que hará quien está en condiciones de atacar y éste tendrá también la convicción de lo que va a suceder. Es el pase de gol, la jugada prodigiosa.
El Barcelona, que entusiasmó hace dos temporadas y ganó cuantos títulos se le pusieron por delante, ha recuperado su impronta. Pep Guardiola hay ocasiones en que parece que improvisa, que se lo juega a una carta, y en la mayoría de los partidos lo que se creyó erróneo es acierto pleno.
Contra el Sevilla, en el partido de vuelta de la Supercopa, con la obligación de remontar el 3-1 en contra, en la primera mitad prescindió de Iniesta, Villa e Ibrahimovic. Se demostró que ninguno era absolutamente necesario y menos que ninguno, el sueco. Los dos primeros salieron para dar brillo. Al tercero le mandó un recado al mantenerle en el banquillo.

Julián GARCÍA CANDAU/larazondigital

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