El silencio es predicado

El silencio es predicadoHabía que alzar la voz en silencio. Para protestar, en ocasiones hay que callar. Sujeto y predicado. Los informadores somos un gremio dividido. En desgarrada competencia. Colmados de protagonismo y soberbia. Mezquindades. A eso apuestan crimen y poderes. Vencen. Urgía reunirnos. Mandar mensajes. No más violencia. No más agresiones. No más acoso. No más negociaciones. No más secuestros. No más desapariciones.

Que las autoridades despierten. Que el Estado cumpla su deber. Que custodie el acceso de todos los mexicanos a la información. Que defienda la libertad de expresión. Que los periodistas tenemos derecho y obligación: ejercer nuestro oficio con garantías. Que termine la impunidad desquiciante. Que no haya brazos cruzados. Que a los muertos se les haga justicia.

En la marcha, todos como uno: reporteros, fotógrafos, camarógrafos, redactores, columnistas, editorialistas, corresponsales, cronistas, jóvenes y viejos, empleados y desempleados, independientes y sometidos, amigos y adversarios. El modo de presionar a la autoridad es que la autoridad nos haya visto juntos. No sólo en la ciudad de México. También en Tuxtla Gutiérrez y Monterrey, Oaxaca y Ciudad Juárez, Morelia y Torreón, Tijuana y León, Culiacán y Pachuca. En cualquier parte.

El silencio es predicado
antonio berni 1934

En la glorieta de Colón, algún perverso colocó una manta: “Se buscan”, decía el letrero. Luego fotos de Gómez Leyva, Ferríz, Marín y Hiriart. “Son peligrosos seudoperiodistas, integrantes del Cártel (desinformativo) del Milenio y asociados”, se leía. El panfleto provocó. Insultó. No se vale.

Fue una marcha de silencio que esperamos haga ruido. Los periodistas necesitamos espíritu de grupo. Identidad de gremio. Solidaridad. Cuerpo y tamaño para protestar. Cohesión. Sentido y fuerza. Renunciar a los exclusivismos, excepto para ganar la nota. Quedarse sólo en la protesta carece de sentido. Nos debemos a la sociedad. Eso escogimos. Defenderla. Informarla. Que la sociedad nos reconozca y necesite. Aceptamos los gajes del oficio, pero no admitimos un país en permanente riesgo. Matando mensajeros no se mata la verdad.

EL MONJE LOCO: Aullamos de tristeza por la muerte repentina. Samaniego se fue. Alberto Cortez escribió la letra de una canción a la medida del narigón cronista: “Era el callejero de las cosas bellas/ Y cargó con ellas cuando se marchó / Se bebió de golpe todas las estrellas / Se quedó dormido y ya no despertó…//”. Del México bronco al México harto. Dos intentos de linchamiento en Milpa Alta, uno en Oaxaca, y el de 100 agentes federales contra sus propios comandantes, en Ciudad Juárez. Ni la policía cree en la policía. ¿Usos y costumbres? ¿México impune? ¿México podrido? ¿México apestado? ¿Servirán para algo los Diálogos por la Seguridad? Nadie sabe. Nadie supo…

Pepe Cardenas/eluniversal.com.mx

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