El fondo

El fondo
Todos los que pintamos -más o menos- todos los que pintan, profesionalmente, sobre todo, conocen la extraordinaria importancia que tiene el fondo. Es tan sorprendente como lo sería la influencia de un poder terminante o  absoluto que, sin embargo, no se dejara calcular.
El fondo en la pintura  habla por anticipado del cuadro y se halla en su basamento como una madre amantísima o una matriz proverbial que, sin decir  una palabra, condiciona el porvenir de la obra.

¿Qué es esto? El enorme misterio del poder del fondo no lo he visto tratado en ningún libro sobre la pintura. Casi, podría decirse, que no se habla de él como no se habla de lo que es más obvio. Y, sin embargo, ¿cómo aceptar que sea obvia la condición y la calidad del fondo, a menudo compuesto sin plan?

Sea en el color, sea en la textura, sea en su luz interior, el fondo posee la capacidad suficiente para condicionar  toda la pintura que le viene encima. Se comporta, paradójicamente, no como un soporte de lo demás sino como el que decide la condición de las indeterminables cargas que soporta. Cargas pesadas o ligeras, pero que por encima de la instrumentalidad del fondo actúan al compás de su matriz inspiradora y componen la personalidad de su música. El fondo no habla someramente sino que  exclama. Es de ahí que podría deducirse que su ancha voz es algo más que una indicación para entonar cualquier cosa y actúa como una terminante palabra escrita. El fondo sería, quizás, como la pronunciación del cuadro virtual anticipadamente plasmada en el lienzo y con tanta energía interior como una orden. Una orden que de no ser respetada aboca al  caos o, por el contrario, al ser oída ofrece la guía más cierta de la pintura definitiva.

Deja un comentario