El club de los enanos

El club de los enanos

La semana entrante se inaugura un lugar pequeño, pero encantado al norte de la costa, los detalles son hechos a la medida, sólo falta comprarlos bien. Volvió el Barsa, intacto, apenas retocado, como los clásicos, restaurado en las puntas donde se cuela la polilla, el germen de la veteranía. A 7 días de la temporada luce fresco, mantiene ese futbol incalculable.

Este equipo fue sin reproche la figura el fin de semana. Ganó el primer título del año, o el último; con la misma educación. El Camp Nou escurría verano por la tribuna, la cancha bien húmeda era una enorme ventosa que de inmediato respiró al nuevo duende: Villa. Otro minifutbolista a la medida del Barsa, el club de los enanos. Jugadores colosales que no crecieron, hicieron crecer. Con la ventaja que significa ser campeones del mundo jugando, comiendo y durmiendo juntos, encaran una campaña en la que volverán a ser trascendentales; según Mourinho no es igual que ser ganadores.

El Sevilla un equipo serio, llegó al estadio con dos goles arriba (3-1) en la Final de la Super Copa. Título que sirve para acumular fotografías y latas, pero que no tenía mayor importancia hasta que Guardiola la barnizó. En minutos Xavi “descerebrado” y Messi, “desmarodonizado” habían desmoronado el partido y mandado disecar el trofeo en la nueva alcoba de Sandro Rossel. El último emperador de Catalunya.

La facilidad para quitarse una desventaja incómoda con tanta astucia y rapidez es un súper poder, el de teletransportarse. El último gol del partido (4-0) y tercero de Messi, a pase de Iniesta y re pase de Villa, funcionó para comprender una vez más que los grandes futbolistas hoy son los más pequeños, Ibrahimovic un Gulliver, no cabe en esta pequeña aldea.

Jose Ramon Fernandez Jr./Cartas oceanicas

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