Decoración del hogar

Hace un par de meses, paseando por mi barrio, vi un montón de gente hurgando entre la basura. Vivo en el Raval de Barcelona, por lo que no vi nada raro en ello. Hasta que me fijé un poco más y pude ver qué había en el suelo, que tanto jaleo estaba montando entre las personas que estaban allí. Al parecer, una tienda de discos de vinilo había cerrado y había tirado a la basura los artículos que nadie quería. Y allá que fui a ver que encontraba.

Lo que allí había era glorioso. Lo peor de cada casa. Cinco minutos después salía de aquel callejón con varios discos bajo el brazo, que ahora decoran una repisa de mi casa, y que paso a detallar a continuación.

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Quizá el más mediático de los discos que allí había. Glenn Medeiros sólo tuvo dos éxitos durante su carrera: “Nothing’s gonna change my love for you” y su versión en castellano “Nada cambiará mi amor por tí”.

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A la derecha del dandy Medeiros, se sitúa el archiconocido Ignacio Ramos, un señor que podría ser tu abuelo en los 70. Esas gafas diseñadas por Satán sólo son superadas por esa cara que tiene, como diciendo “quién me iba a decir a mí, siendo tornero fresador, que iba a acabar grabando un disco”. El precio de este disco era de 1 euro, e incomprensiblemente, nadie lo había comprado y había acabado en el mismo sitio en el que acabó su carrera musical: en el cubo de la basura.

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También había una amplia oferta para los más pequeños de la casa, ya sean niños o midgets: Tito y Tita, en una foto sacada en el descampado que había detrás del orfanato de donde los sacaron. Con una pose como de haberse caído de un quinto piso, Tito y Tita acabaron chupándola en el párking del Pryca de San Adrià del Besós a cambio de un chute de heroína. Pero ni por esas tuvieron la misma suerte que su admirado Enrique del Pozo y cayeron en el olvido.

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Uno de mis favoritos: Tela Marinera. Que es lo que debió pensar el mánager de estos dos quillacos cuando le dijeron que querían grabar un disco. A juzgar por sus caras, ninguno de los dos quería estar allí. Quizá tienen esa tristeza en la mirada porque, por un instante, han sido conscientes de lo patético que resulta todo. No se aprecia del todo bien, pero abajo, a la derecha, se intuye el nombre de la discográfica que se atrevió a publicar el disco de los Tela Marinera: “SNIF”. Muy explicativo, ¿no?

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Richard Clayderman, el hombre del pelazo. Sólo diré que no me parece una buena idea que el título del disco incluya la palabra “niño”, teniendo en cuenta la pinta de pederasta que tenía en esa foto.

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Aquí tenemos a Luciana, que en un grito desesperado ha titulado su disco “Quiero tu vida”. Cuánta sinceridad no habrá ahí. Cuán desgraciada debe ser Luciana para querer cambiarse por cualquier persona. Incluso una persona que haya comprado su disco.
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Esos ojos están muertos, esos ojos han visto cosas terribles. Pobre Luciana.

Y mi favorito:
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El gran José Vélez, el hombre que con dos de sus dientes podría abastecer todos los huecos que hay en la boca de todos los miembros de Extremoduro. Alguien le dijo a José que era una buena idea salir en la contraportada de su disco con pantalón pijama y chaqueta de cuero. No en vano su disco se llama “Aventurero”. Y eso es lo que hacen los aventureros, ¿no?
Sin embargo, lo mejor de este disco no es la foto, sino el título de la segunda canción:
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“Hay un hombre tirado en la calle”. Sí, José, es el técnico de sonido, que ha saltado al vacío. Me parece maravilloso que alguien tenga el valor de escribir sobre un tema tan tabú aún hoy día como son los hombres tirados en la calle. Bravo, José. Lo volviste a hacer.

P.D.: Perdonad la calidad de las fotos, mi móvil no tiene una gran cámara. Y coño, que esto es un blog cutre, si esperábais que viniera la puta Annie Leibovitz a hacer fotos de discos de vinilo que tengo en casa, vais apañados.

www.pajasmentales.wordpress.com

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