Animal Collective, la película

Animal Collective, la película

Aviso para fans. Ya tenéis otra razón más para amar a la sublime actualización psicodélica de los de Baltimore. Ahora en vuestros televisores o en tu galería de arte más cercana. Aviso, también, para filibusteros. Ya tenéis otra razón más para odiar a los responsables de que la modernidad baile sin complejos en taparrabos multicolor. Animal Collective ya tienen película.


Ayer se puso a la venta el nuevo proyecto del grupo junto al videoartista Danny Perez. Por $25 puedes disponer de Oddsac, la obra que paseó al grupo por las salas de arte y ensayo de medio mundo (Guggenheim de Nueva York incluído) después de haberla presentado en el pasado Festival de Sundance. En España se pudo ver en el pasado Primavera Sound.

Se trata de una secuencia de imágenes de 55 minutos duración que ahonda en las coordenadas estéticas del grupo haciendo de sus psicodelia musical un torrente de imágenes que transita sin complejos entre la belleza y la abyección, naturaleza y tecnología, armonía y caos. Un camino ya transitado en alguno de sus vídeos (en especial para los temas Peacebone y Brothersport) pero que en este proyecto se despoja por completo del cinturón de la narración para abrazar brutalmente el mundo de lo sensorial.

En el número el número de julio de la revista Sight & Sound, el crítico Adrian Martin analiza la obra del realizador Abbas Kiarostami centrándose en el formalismo y la experimentación de sus últimas obras. Los mismos críticos que aplaudieron sus obras más accesibles (El sabor de las cerezas, A través de los olivos y El viento nos llevará principalmente) destrozaron sin pudor el ingreso del iraní en el mundo del videoarte y pedían a grito un regreso a sus esencias. Kiarostami calló y aprovechó los nuevos caminos que le ofrecía el mundo del arte contemporáneo para expresarse como bien demostró en la exposición conjunta que realizó con el realizador Victor Erice.

Con el grupo Animal Collective algo parecido está pasando. Desde sus primeras actuaciones en el Ottobar de Baltimore, desde sus primeros discos antes de su exilio a Nueva York, desde las primeras colaboraciones de sus miembros con otros artistas, parece que este grupo es, definitivamente, mucho más que un combo musical. Que su imaginación y fantasía pueblan sus composiciones pero que desbordan otros campos y que lejos de imponerse límites, aprovechan la coyuntura digital para dar rienda suelta a su imaginación.

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En esta ocasión, después de poner en circulación varios discos de enorme influencia, un EP y varios proyectos en solitario, regresan con una no-película psicodélica con temas nuevos y un libro de ilustraciones.
En lo musical destacar una deriva mucho más intimista que en sus anteriores obras sin abandonar todos sus estimulantes tics tribalistas. En lo visual, un tratamiento de la imagen sumamente elegante que combina grabaciones reales con efectos digitales para no contar nada de nada y, en el camino, sugerir con texturas y montaje multitud de sensaciones en lo que podría ser el eslabón perdido entre la MTV y Jackson Pollock.

Puede que te interese. Puede incluso que lo disfrutes. Es probable que lo odies. Pero, sin duda, hay que respetar los tentáculos de un grupo que lejos de contraerse con el paso del tiempo no dejan de sorprender en su original búsqueda por transmitir emociones en estado puro.

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