Anatomía de un mito

Anatomía de un mito

Nunca olvidaré ese momento del 23 de febrero de 1981, cuando los guardias civiles vestidos de época —como describió The New York Times— entraron en el Congreso de los diputados españoles pegando tiros.

A partir de esta escena del golpe de Estado en España, tratando de desentrañar al personaje de Adolfo Suárez y queriendo ahondar en la verdad de nuestros ídolos, Javier Cercas avanza, profundiza y describe en su libro, Anatomía de un instante, sobre las verdades en la mentira de la historia española.

El libro desarrolla, en más de 400 páginas, lo que provocó, sintió y lo que nos hizo sentir Adolfo Suárez.

En el juego de los espejos que significan los ojos de Suárez, el libro es un recorrido que nos hace ver quiénes somos y qué hay de cierto en el mito de la construcción heroica de la democracia española.

La transición en España —hoy enterrada por el Tribunal Supremo que acusó a Baltasar Garzón de un delito por tener memoria histórica— está construida sobre mitos e hitos, uno de ellos es la generosidad, y otro es que el pueblo español amó su democracia, pero la noche que tuvo que defenderla prefirió buscar refugio y cuando llegó el momento de escoger entre nuestra cobardía y nuestra grandeza civil, ganó nuestra cobardía.

Así como Suárez fue un héroe de la democracia —por las razones que fueran—, el pueblo español no estuvo a la altura, y todos, empezando por mí, fuimos una confesión pública de debilidad y falta de gallardía —hablo de algo que yo mismo conocí, que viví—; yo sentí ese miedo aquella noche; yo caminé por las calles desiertas del Madrid aterrorizado.

Sin embargo, conviene no ser demasiado cruel en el juicio —en mi propia familia había fusilados, dos de un bando y otro del contrario— pues los españoles estábamos acostumbrados a tener miedo.

En esa colectividad de cobardías hubo excepciones, como el director del diario El País, que, en contra de alguno de sus accionistas, no el principal, se lanzó a la calle con una edición que tuvieron que repartir los propios periodistas con el título “El País con la constitución”. Si el golpe hubiera triunfado, Cebrián hubiera sido uno de los primeros fusilados esa noche.

Anatomía de un instante sirve en este momento de crisis para recordar al país que con un pelotón de guardias civiles se aterrorizó, salvo Adolfo Suárez y algunos españoles que cumplieron su deber, como fue el caso del rey.

En ese sentido, el libro coloca a España en el diván: ¿nos gustan los héroes?, sí, tal vez porque tenemos muy pocos, porque normalmente los matamos o porque son lo que nos gustaría pensar que somos en confrontación con lo que realmente somos.

De ese instante tampoco olvidaré el gran problema que tuvo la Televisión Española democrática con el embozamiento de todos los baños de Prado del Rey, donde está ubicada la sede central de TVE. El motivo: los cientos de carnés del partido comunista o de comisiones obreras que habían sido echados a los baños. Pero el golpe fue conjurado tras la intervención del rey, quien ordenó a los militares sublevados que se retiraran a sus cuarteles.

Ahora, viendo lo que está pasando en España, uno comienza a pensar que 30 años no son más que volver la mirada para encontrar la sombra alargada de nuestro miedo, y que no hay nada en la historia española que sea más constante que la dictadura y la intolerancia, ni más superfluo y pasajero que la libertad y el entendimiento.

Durante 30 años, la transición española representó la exaltación máxima de la democracia. En muchos sentidos lo fue, pero no en todos, ni fue ideal. Por ello, es un libro muy recomendable para quienes pretendan comprender de verdad qué sucedió, qué está pasando ahora y cómo está pasando.

Tras el recorrido, que trata de interpretar las actitudes, caras, miradas, gestos, carencias y virtudes de Adolfo Suárez y de todos los demás, una conclusión es cierta: ya fuera por terror o por decisión, Adolfo Suárez fue muy valiente aquel día —había sido muy torpe en momentos anteriores. A mí siempre me decía, ya que me distinguió con su amistad personal, que lo que más miedo le daba era acabar siendo uno de sus viejos cowboys y que no se enterara cuando ya le fallara la vista y el físico para seguir siendo el Che.

Cuando los guardias entraron al Congreso, se esculpió —cual monte Rushmore de la democracia— la actuación del ex presidente Adolfo Suárez, quien alguna vez fue descrito amablemente por Felipe González como oportunista, falangista, opusdeísta.

Dentro de poco, necesitaremos analizar la anatomía de este instante, cuestionando no sólo la crisis económica o el fracaso de Zapatero o la cerrazón del PP, también si el pueblo español estuvo o no a la altura de las circunstancias.

El golpe de Estado ya lo tenemos en México, es la violencia desencadenada. Ahora es buen momento para que este país sepa qué está haciendo con su democracia y para que busque a sus héroes, no a los que sólo hablan de ella, sino aquellos que la vuelven un instrumento de desarrollo social colectivo.

Antonio Navalon

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