Adopciones para todos

Álvaro Cueva

Adopciones para todos

Marcelo Ebrard ya celebró que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró como constitucionales los matrimonios entre personas del mismo sexo efectuados en el Distrito Federal.

La verdad es que todavía falta lo más importante: el tema de la adopción, que los hombres que aman a los hombres y las mujeres que aman a las mujeres tengan la posibilidad de adoptar niños.

¿De qué le sirve a los homosexuales y a las lesbianas casarse si el estado les niega su derecho a tener hijos, a consolidar su amor, a fundar una dinastía, a dejar un legado?

Eso no es estar en igualdad de circunstancias. Eso es como si el gobierno les dijera:

“Les doy chance de casarse nomás por no dejar, pero ni crean que se van a reproducir. Ustedes no pueden tener descendencia. Se casan, se mueren y se olvidan.”

Es horrible porque sí, muy casados, pero estos hombres y mujeres siguen siendo ciudadanos de segunda.

Yo no sé por qué le hacen tanto al cuento los partidos políticos con el tema de las adopciones.

Si es por cuestiones ideológicas, ¡por favor!, ¿con qué cara quieren defender una postura si a la hora de las elecciones son capaces de aliarse hasta con el peor de sus enemigos?

Qué casualidad que cuando se trata de juntar votos sí pueden negociar y que cuando se trata de hacer algo por la sociedad, no.

Y si es porque realmente les preocupan los niños, en lugar de estar perdiendo el tiempo alimentando la discriminación, deberían promover iniciativas que agilizaran los procesos de adopción en México.

A lo mejor usted no lo sabe, pero para cualquier ciudadano mexicano es más fácil adoptar a un niño extranjero que a uno que haya nacido en su propio país.

Los trámites son terribles, el trato que se le da a los solicitantes es pésimo, en algunas partes si no estás casado por la Iglesia católica ni te reciben y todo esto es sólo la punta de un iceberg de terror que nadie ha querido ni denunciar ni discutir.

Mientras tanto, pasan los años y decenas de miles de niños siguen esperando por una familia encerrados en alguno de los muchos albergues que pululan a lo largo y ancho de la nación.

¿De qué sirve negarle a los matrimonios formados por personas del mismo sexo su legítimo derecho a adoptar si casi nadie lo puede hacer en este país? ¡De qué!

El tema de las adopciones es una cortina de humor puesto en la mesa nomás para discriminar.

Las cosas están tan mal en materia de adopciones en México que quien quiere tener un hijo, independientemente de su orientación sexual, acaba teniéndolo por otros medios, lo cual, por supuesto, no le resuelve nada a los niños de los albergues.

Además, el hecho de que se permita que los matrimonios del mismo sexo adopten no significa que todos quieran hacerlo.

Ni son tantas las parejas de este tipo que se han casado en el Distrito Federal ni de todas ellas, ciento por ciento quiere tener descendencia.

Aquí lo que estamos discutiendo son derechos básicos, la igualdad de los seres humanos, que lo que es válido en la capital del país sea válido en la totalidad de la nación tal y como ocurre en otras partes del mundo, incluyendo Argentina.

Por lo mismo, no es un asunto que sólo le interese a una parte de la comunidad. Es un tema de todos.

Ser heterosexual no es garantía de que se va a ser un buen padre o una buena madre. ¿Por qué ser homosexual tiene que ser sinónimo de mala paternidad o de mala maternidad?

¿Dónde quedan las madres solteras y los padres solteros en esta historia? ¿Dónde quedan las divorciadas y los divorciados?

¿Qué pasa con los niños que son criados por sus abuelos, por sus tíos o por parientes lejanos? ¿Qué pasa con los hijos de los polígamos y las polígamas?

¿A usted no se le hace humillante que en tantas partes se esté diciendo que sólo puede haber una familia donde hay papá y mamá cuando la realidad es otra?

¿Por qué no nos quitamos la máscara y nos atrevemos a llamar las cosas por su nombre?

La familia no es ese cliché que nos han querido meter por diferentes medios, familia es donde existe el compromiso de sostener un vínculo, y para sostenerlo todos necesitamos certeza legal.

Señores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: no le nieguen la certeza legal a la totalidad de los mexicanos. No discriminen a los matrimonios formados por personas del mismo sexo. ¡Adopciones para todos ya!.

mileniodiario.com.mx

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